27 de abril 2009 - 18:18

NAVIDAD SIN LOS SUEGROS

Reese Witherspoon y Vince Vaughn en una imagen que ya da una idea del humor, más bien patético, de una comedia navideña que los desaprovecha a ellos y a otros buenos actores como Robert Duvall.
Reese Witherspoon y Vince Vaughn en una imagen que ya da una idea del humor, más bien patético, de una comedia navideña que los desaprovecha a ellos y a otros buenos actores como Robert Duvall.
Llega la Navidad, y con ella la eterna pesadilla: las come-dias navideñas. Aunque es un género naturalmente meloso, no necesariamente tiene que ser tan mediocre como esta chapucera comedia romántica llena de buenos actores mal aprovechados, empezando por la pareja protagónica.

Vince Vaughn y Reese Witherspoon son una pareja nada convencional, al menos para los standards hollywoodenses: viven juntos desde hace tres años pero no quieren casarse, ni mucho menos tener hijos, y, en su código, lo más prohibido de todo es pasar la Navidad con sus familias. En este punto se los comprende: sus padres están divorciados, y pasar las fiestas con ellos implica tener que afrontar no una ni dos, sino cuatro reuniones familiares. Una mala pasada en su vuelo a una isla paradisíaca, adonde van mintiéndoles a sus padres que es para vacunar niños pobres birmanos en un acto solidario, los hace salir entrevistados por televisión y así son interceptados por el espíritu navideño en la forma de llamados por celular de sus madres.

Pronto la pareja está descubriendo secretos mutuos del pasado, en general más patéticos que divertidos, por lo que los gags no brillan por su ingenio. Una pena, ya que los personajes de lo suegros interpretados por gente del talento de Robert Duvall y Mary Steen-burgen parecen listos para pronunciar buena líneas de diálogo, que lamentablemente no abundan. Obviamente, el guión tal como está planteado desde el principio, apunta a que la pareja moderna desarrolle emociones más profundas, como el sentimiento maternal que se le aparece a la protagonista cuando sotiene al sobrino de su novio. Lamentablemente el estilo de comicidad no se define en ninguna dirección, los chistes realmente no son buenos y los conflictos argumentales son tan nimios que directamente parece que no existieran, lo que provoca que la duración de menos de 90 minutos parezca larga como saga de Tolkien.

En suma, como regalo de Navidad, esta comedia no sirve ni para quedar mal con la suegra.

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