28 de noviembre 2007 - 00:00
"No caigo en la política; de eso ya hubo sobredosis"
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Después de «El parque» y la multipremiada «La tierra del fuego», Sylvia Iparraguirre acaba de publicar «El muchacho de los senos de goma».
S.I.: Hay muchas referencias. El comienzo de «El muchacho de los senos de goma» tiene referencias a Leopoldo Marechal y a Borges. La literatura rioplatense es eminentemente urbana con hitos como Arlt, Onetti, Marechal, Sábato, Cortázar, Borges. Nuestra literatura mayor ha sido siempre urbana por razones históricas y geográficas. Se diferencia de la narrativa de la zona andina y de la del Caribe, la novela del tropicalismo, de la selva, con el relato exuberante que signó García Márquez y alcanzó su cumbre en «Los pasos perdidos» de Carpentier. Nuestra literatura se distingue por partir del vacío, de la llanura y del conglomerado construido, de la urbe.
P.: Su personaje de Cristóbal parece pariente argentino del muchachito de «El cazador oculto».
S.I.: Ese muchacho que para alejarse de su familia, para ser independiente, sale a vender (es la época en que se libera la importación) baratijas, chucherías, desde sacacorchos con música a senos de goma de Taiwán, tiene reminiscencias de lecturas como la esencial de Salinger. Son hilos de las tramas de la que uno está hecho. Para dar un ejemplo de esos ecos, resonancias que descubro en lo que escribo, Virginia Woolf está siempre en todo lo que escribo aunque no aparezca.
P.: Hay referencias manifiestas al cine y al rock.
S.I.: Hago constantes homenajes secretos al cine, es que estamos formados de ese universo de imágenes. Por dar un dato, se puede establecer evidentemente un vínculo entre la situación que vive Cris, el muchachito protagonista, y la señora Vidot, la apenada dueña donde él consigue alojamiento, con la película «Verano del 42».
P.: ¿Por qué hace citas de las canciones de los Redonditos de Ricota?
S.I.: Es que los Redondos constituyen a la identidad de ese muchacho que tiene 17 años en 1995. Es un grupo de rock que a mí me interesa muchísimo, tanto desde el punto de vista lingüístico, el uso que hacen de la metonimia, a cómo a través de la forma desenmascaran la realidad de un momento histórico. Por medio de sus canciones en mi novela aparece, sin caer en la política (ya hubo una sobredosis de política), la realidad que también se vivía en una época de aparente esplendor.
P.: ¿Buscó en su novela hacer vivenciar al lector el caos actual de la gran ciudad?
S.I.: Hay novelas que al ser urbanas son como un imán y atraen todo lo que es urbano: el cine, el rock, los grafitti, el humor surgiendo a cada paso, es decir los elementos básicos de un mundo plural actual. Fue por eso que eludí la estructura convencional, por eso está dividida en tres partes: bordes, centro y fuga, por la trama de esas vida como si cumplieran con una partitura se va armando en relación a las caminatas, a los desplazamientos por la ciudad, en sus puntos de reunión y en sus puntos de separación.
Entrevista de Máximo Soto

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