5 de mayo 2006 - 00:00
No sólo cantar, sino también actuar a Mozart
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Uno de los ensayos de «Escenas para el Requiem de Mozart» en la puesta de Eduardo
Casullo.
P.: Para reforzar la idea de la misa de muertos.
E.C.: De la muerte y la resurrección. El tema de la muerte está planteado como un hecho circular. También la resurrección como epílogo final. La obra no termina con la muerte sino con la resurrección. Si bien es algo duro, porque el concepto principal no es mostrar la muerte como algo bonito, como pudo pensarse en un acto de iglesia, en un ámbito muy bello y caracterizado socialmente. Esta puesta es clara en ese sentido: la muerte no es una cosa bella sino dolida y terrible. Hay mucha desesperanza. Hay algo que sí está vinculado con el texto, que es en el Juicio Final, donde se expresa que nos vendrán a juzgar a los vivos y a los muertos.
P.: Usted habla de espacios, ¿utiliza alguna forma para caracterizarlos?
E.C.: Los coreutas se visten para las distintas secuencias. El vestuario, entonces, hace que el grupo que lo lleva determine un nuevo espacio simbólico. Hay algunos elementos escénicos que apoyan estas transformaciones. El bar se arma con mesas y sillas y con una barra. El final de la carretera con tambores de aceite y bolsas de basura. Hay, en efecto, elementos que sugieren esos espacios.
P.: ¿La partitura no se modificó para adecuarla a algunas de estos espacios?
E.C.: Musicalmente se ofrece en su integridad. Las trasformaciones del coro y del espacio se dan a medida que va transcurriendo la obra. La obra en su duración total es de una hora, y así se la ha respetado.
P.: ¿Por qué una puesta en escena que tergiversa de alguna manera una creación sinfónicocoral abstracta?
E.C.: Esto lo vengo trabajando desde el año 1999, por lo que es una tarea muy meditada. La puesta proviene del hecho esencial del Requiem. Es una misa para pedido. Entonces, buscando la forma de escenificarlo, encontramos un vehículo en un chico de la calle que pide. Hemos buscado una variante como un desafío, a raíz de un encuentro con otros directores y régisseurs donde se originó un debate sobre las obras que no tienen escena, y si se les puede agregar. Entonces yo comencé a trabajar dos cosas en esa dirección: el «Requiem» de Mozart y la «Novena Sinfonía» de Beethoven, cuyo proyecto está esperando el momento oportuno.
Entrevista de Eduardo Giorello



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