3 de noviembre 2020 - 00:00

Adiós a un narrador de excepción, Rodolfo Rabanal

Rabanal. Autor de “Un mundo perfecto” y “En otra parte”, tenía 80 años.

Rabanal. Autor de “Un mundo perfecto” y “En otra parte”, tenía 80 años.

A los 80 años murió ayer en Punta del Este, su lugar en el mundo desde hacía más de dos décadas, el escritor y periodista Rodolfo Rabanal. Semanas atrás se le había detectado un cáncer de páncreas. Rabanal, excepcional prosista, fue el escritor más renuente a la exposición pública, el más solitario de la generación del setenta, una corriente que unió a narradores tan heterogénos como Jorge Asís, Luis Gusmán, Miguel Briante, Osvaldo Soriano, Ricardo Piglia, Juan José Saer, Juan Carlos Martini y tantos otros (al punto de que el concepto de generación es casi exclusivamente cronológico).

Después de abandonar la formalidad de una carrera humanística se inició en el periodismo, y entre los medios para los que colaboró antes de dar a conocer su primera novela, “El apartado” (1975), sobresale La Opinión de Jacobo Timerman, donde publicó excelentes columnas. También, antes y después, pasó por Primera Plana, Panorama, La Semana y El Periodista. Amigo personal

y colega en La Opinión del funda-dor de este diario, Julio Ramos, Rabanal también publicó algunas columnas en estas páginas y fue asesor en la creación de la sección de Espectáculos y Cultura en 1986.

El título “El apartado”, que parecía definirlo dentro del mundo cultural de los 70, fue su exitosa puerta de entrada a la gran literatura, y a la consideración de la crítica, que saludó en él un autor preocupado por el manejo de la lengua, en unos tiempos donde la expresión solía subordinarse a los contenidos. A propósito de esa clase de inversiones, Rabanal dijo una vez: “me harté del realismo mágico, lo que me interesa es la magia de la realidad”. Parodiando la tendencia que había en el Norte a considerar la literatura latinoamericana en su conjunto con la mirada de la exuberancia típicas de autores como García Márquez o Lezama Lima, Rabanal se dio el gusto, en “En otra parte”, otra brillante novela suya, de reflejar a Nueva York como si fuera Macondo. Gracias a la beca Fullbright se había establecido en la Gran Manzana durante los años de plomo de la dictadura militar. En 1978 apareció su segunda novela, “Un día perfecto”, que publicó en el sello Pomaire, y que se convirtió en best seller.

Su vida se internacionalizó aun más cuando en 1982 se radicó en París, donde fue contratado como traductor en la Unesco, el mismo cargo que había tenido dos décadas antes Julio Cortázar. “El pasajero”, “El factor sentimental”, “La vida brillante”, “Encuentro en Marruecos” y los libros de cuentos “No vayas a Génova en invierno” y “Los peligros de la dicha” fueron otras obras suyas. En el cine, fue guionista de su amigo Alberto Fischerman en la película “Gombrowicz, o la seducción”, donde participaron como actores otros de sus contertulios en el Bar la Paz, como Jorge Di Paola. Regresó al país durante la presidencia de Raúl Alfonsín, cuando fue designado subsecretario de Cultura de la Nación (el secretario era Carlos Gorostiza). Su última columna en “Página 12” fue una embestida contra los “anticuarentena”.

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