29 de junio 2005 - 00:00
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Duilio Marzio: «En 1960, estudié junto con Marilyn Monroe
en Nueva York. Era una gran estrella, pero cuando entraba
a clase nadie le daba bolilla. Era una más del grupo».
Periodista: «Mrs. Arthur Miller».
Duilio Marzio: Este papel era de Marilyn. Era su preferido porque ella estaba orgullosa de ser la esposa de Arthur Miller.
P.: ¿Usted conoció a Marilyn Monroe?
D.M.: Sí, en 1960, cuando fui a tomar clases con Lee Strasberg. La primera vez que la vi yo estaba observando un ejercicio y de pronto veo una mano que acaricia un sweater que yo había dejado en una silla. Me doy vuelta y veo a una bellísima mujer. Recién al rato me di cuenta de que era Marilyn. Ella me preguntó de dónde venía y nos pusimos a charlar. Era realmente deliciosa, pero cuando entraba a la clase nadie le daba bolilla, tal vez no querían molestarla. Después volví a estudiar con Strasberg, pero ahí ya me quedé todo un año. El me había invitado a asistir a su escuela después de verme en «El sirviente» de Harold Pinter, que hice acá en Buenos Aires.
P.: Usted se retiró de varios proyectos en los últimos años ¿No será muy exigente?
P.: ¿Cuál fue el último espectáculo en el que pudo trabajar sin problemas?
D.M.: «Reconocernos», un espectáculo muy lindo que dirigió Oscar Barney Finn, hace dos años, con Selva Aleman, Thelma Biral, Antonio Grimau, Inés Rinaldi. Era un recorrido por la historia argentina a través de la literatura y la poesía. En Montevideo tuvimos un éxito bárbaro. No quiero ser soberbio, pero entiéndame yo prefiero hacer cosas que me interesen, que me calienten. No puedo trabajar de otra manera.
P.: Ahora vuelve a protagonizar «Las tres caras de Venus».
D.M.: Es una comedia muy ingeniosa, con un exquisito manejo del idioma. Marechal es un autor de mucho vuelo, yo creo que después de Borges es el escritor argentino que apunta más alto en el uso de las palabras. Y sí, el dato curioso es que yo actué en la primera puesta de esta obra junto a Pepe Soriano que también estudiaba abogacía. Y como Marechal era muy amigo de Cunill Cabanellas, vino a varios ensayos y nos invitó a su casa, ahí nos hizo firmar a todos en la pantalla de una lámpara. Era un hombre encantador y un poeta extraordinario, pero lamentablemente fue dejado de lado por cuestiones políticas. El era un peronista declarado y la Revolución Libertadora no se lo perdonó.
P.: ¿De qué trata la obra?
D.M.: Es sobre un profesor que quiere moldear a su mujer a imagen y semejanza para tenerla sujeta a él como si ella fuese una marioneta. El cuenta con un secretario y un amigo al que también le da consejos para que domine a su esposa. Hay situaciones muy divertidas y finalmente el que termina fracasando es el profesor, mi personaje. A mí esta obra me recuerda a un cuento de Mujica Láinez de «La misteriosa Buenos Aires» que se titula «El coleccionista». Es un tipo que vive entre objetos de porcelana hasta que de pronto conoce a una mujer, se enamora de ella, y a la miércoles con todo lo demás. Pero poco después aparece Sívori, el pintor de la época, para retratar a la mujer. Y una vez finalizado el retrato el hombre se olvida de ella y se queda con el cuadro. ¡Lo que es el afán de posesión! Aunque no parten de la misma idea, creo que este cuento tiene muchos puntos en común con la pieza de Marechal. También podría pensarse en «Pigmalión», pero el personaje de Bernard Shaw edifica para bien, mientras que mi profesor sólo lo hace para dominar.
Entrevista de Patricia Espinosa




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