Gerardo Gandini y Nicolás Ledesma (pianos). (Centro Cultural Torquato Tasso; 9 de diciembre.)
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En el contexto de una realidad musical que entrega escasísimas sorpresas, bien vale el intento de producción -y de aceptación de los artistas- por buscar nuevos caminos. Eso, aunque por falta de tiempo o de trabajo no haya terminado de plasmarse del todo. En medio de una movida tanguera -que bautizaron «festival»- del Centro Cultural Torquato Tasso, que abarcará todo el mes, se juntaron dos músicos con historias musicales diferentes.
El pampeano Nicolás Ledesma estuvo siempre ligado al tango; y desde su piano virtuoso se ha mantenido cercano a las expresiones tradicionales en un estilo que podría calificarse de «romántico». Gerardo Gandini está más identificado con la composición en la música contemporánea -siempre por fuera de la tonalidad- que con el piano y con la música popular. Sin embargo, desde que Astor Piazzolla lo convocó para integrar su sexteto, terminó por acercarse al tango y ya ha hecho varios discos y conciertos con sus «Postangos», una personal relectura de los clásicos del género. Por estas historias distintas, resultaba en principio muy atractiva la unión, aunque, como dijimos, no haya terminado de consumarse en su máxima expresión. El comienzo fue de acuerdo a lo previsible: alternativamente, cada uno de los músicos hizo sus temas. Ledesma, algunas composiciones propias; Gandini, sus versiones « postangueras» de «La última curda», «El choclo» y «Nunca tuvo novio», respetando los respectivos estilos. En la segundaparte llegó lo más interesante,esto es, la unión de los dos pianos. «Vamos a ver qué sale», dijo Gandini que se reconoce como un extraño para el tango, «un travesti» según sus propias palabras. Y lo que salió fue una experiencia a medio camino. Ledesma hizo la mayoría de los arreglos para temas conocidos como «Garúa», «Tierrita», «Organito de la tarde», «A Don Agustín Bardi», «La guitarrita». En esos casos, Gandini respetó la partitura y se acomodó en el papel de «pianista invitado». Pero la cosa se hizo más atractiva cuando la mezcla de estilos logró consumarse; y eso sucedió, quizá no casualmente, con dos temas de Piazzolla, «Libertango» y «Milonga del ángel». Ahí sí pudo vislumbrarse un camino que merece una mayor profundización. R.S.
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