7 de septiembre 2007 - 00:00
Pavarotti: "Recuérdenme tan sólo como un cantante"
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Luciano
Pavarotti
murió en la
madrugada
de ayer en su
ciudad natal,
Módena.
En el medio, junto
a sus
compañeros
de Los Tres
Tenores, José
Carreras y
Plácido
Domingo. Abajo, con Ricky Martin en un recital compartido. En los 90, Pavarotti
también formó parte del star system del rock, el pop
y la canción melódica.
«Trato verdaderamente de guardar mi voz tal como es -como lo hace todavía mi padre-, no mayor de lo que es, con flexibilidad, ritmo y frescura», dijo. Alentado por su madre y contra la voluntad de su padre, Luciano cultivó su voz generosa con un profesor, el tenor Arrigo Pola, que le aportó rigor en el trabajo, adaptado a su formato de tenor lírico.
Luciano Pavarotti sabía perfectamente que su principal riqueza era su voz, no su técnica ni sus sutilezas, y su manera alegre y generosa de ofrecerla al público.
«Es verdad, no soy músico. No en profundidad. La partitura es una cosa, el canto es otra. Lo que se necesita es tener la música en la cabeza y cantar con el cuerpo», dijo al diario francés «Le Monde» en 1997. A raíz de su físico, Pavarotti no era el actor lírico más convincente. Pero la unión de su voz con algunos grandes papeles fue total. Su Pagliacci, su Duque de Mantua en el « Rigoletto» con Joan Sutherland y Sherril Milnes, son dos de las grabaciones más famosas de la segunda mitad del siglo XX en ópera.
Debutó en 1961, a los 26 años, con sus primeros Rodolfo («La Boheme» de Puccini), Alfredo («La Traviata» de Verdi) y el Duque de Mantua de «Rigoletto» de Verdi y Riccardo («Un ballo in maschera» de Verdi). Pavarotti entró en la pequeña historia de la ópera con un récord de llamados a saludar (165 durante 67 minutos de aplausos, registrados en el Guiness Book) al terminar una representación de «L'elisir d'amore» de Donizetti, en Berlín en 1988.
«En definitiva, la voz de Pavarotti es la verdadera voz del enamorado: su sonoridad intensa y sus agudos luminosos la tornan ardiente y brillante; su timbre y su suavidad natural la hacen emocionante y patética», escribió el musicólogo italiano Rodolfo Celletti, su más agudo analista.
Su debut en Estados Unidos fue en febrero de 1965, en una producción de Miami con la ópera de Gaetano Donizetti, «Lucia di Lammermoor», junto a Joan Sutherland, el comienzo de lo que se convertiría en una sociedad histórica. En 1972, en la producción de Donizetti «La Fille du Regiment», Pavarotti cantó sin esfuerzo un aria que contenía nueve Dos de pecho. La audiencia ovacionó al tenor y desde entonces su reputación sobrepasó los confines de la ópera y la música clásica.
En 1990, Pavarotti, junto con Plácido Domingo y José Carreras en el Mundial de Fútbol de Italia, presentaron clásicos de la ópera frente a una audiencia televisiva calculada en 800 millones de personas. Así nacieron Los Tres Tenores, cuyas grabaciones estuvieron durante años en los primeros puestos del ranking de ventas del mundo. Repitieron ese espectáculo, cuatro años después en el Mundial de Estados Unidos.
Mientras la fama de Pavarotticomo gran estrella se diluía cuando tenía cerca de 60 años, su vida personal cambió rotundamente. Dejó a su esposa tras 37 años de matrimonio por su secretaria Nicoletta Mantovani, menor que sus tres hijas, con quien se casó tras un disputado divorcio. Las primeras fotos de su romance furtivo con Nicoletta alimentaron durante semanas las revistas de la prensa amarilla, y Pavarotti se convirtió en pasto de los paparazzi. En los años 90, el tenor fue parte del show internacional y fueron muy frecuentes sus escenarios compartidos con cantantes del más distinto pelaje, como Ricky Martin, Sting, las Spice Girls, o Mariah Carey.
Ayer, la Scala de Milán observó un minuto de silencio mientras los dos miembros restantes de los célebres Tres Tenores encabezaron un coro de homenajes de personalidades del mundo de la ópera, la política y el rock. En la Scala de Milán, donde actuó 140 veces en 28 años, todo el personal observó un minuto de silencio. «Con él, una era de esplendor del canto lírico pasa a la historia (...) afortunadamente las grabaciones testimoniarán siempre de su grandeza», declaró Stephane Lissner, director de la sala. «Siempre admiré la gloria divina de su voz, ese inconfundible timbre especial desde lo bajo hasta lo más alto del registro de un tenor», dijo Plácido Domingo. José Carreras afirmó que «los mejores recuerdos son los de la intimidad. Debemos acordarnos de él como del gran artista que era, un hombre de extraordinario carisma».
El presidente estadounidense, George W. Bush, recordó que además de ser «uno de los cantantes de ópera más aclamados (...) Pavarotti fue también un gran militante de causas humanitarias, utilizando su magnífico talento para concentrar enormes niveles de apoyo a víctimas de tragedias en todo el mundo».
«Algunos saben cantar ópera. Luciano Pavarotti era una ópera», afirmó Bono, de U2, con quien el tenor interpretó un dúo en «Miss Sarajevo» en 1995, para denunciar los sufrimientos del pueblo bosnio. El líder de Police, Sting, que también cantó con Pavarotti, añadió: «perdimos a un gran amigo y a una gran voz; el mundo es más pequeño sin este gran hombre».




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