21 de diciembre 2000 - 00:00
"Por tocar de todo unos me llaman y otros me condenan"
-
HBO Max estrenó la película peor puntuada de una saga que traumó a millones de espectadores
-
La intimidad como territorio de descubrimiento
Periodista: ¿De qué manera influye en su carrera solista el hecho de trabajar tanto para otros músicos?
Javier Malosetti: Yo creo que es beneficioso. Porque todos los solistas con los que trabajo, aunque no sean de la música que yo toco cuando hago lo mío, son artistas que respeto. Y muchos de ellos me permiten tocar para audiencias mucho más grandes que las de un boliche con 17 personas haciendo la digestión. Trabajar con Spinetta o con Casero, por ejemplo, me trajo, además, alumnos de bajo.
J.M.: Puede ser, pero eso es sólo un precepto de alguna gente y no de la música o de los músicos. Desde los '70, el bajo y la batería han cobrado un carácter solista que antes no tenían y ahora tienen la posibilidad de pasar al frente. Pero también disfruto mucho de hacer la base con el baterista y no únicamente de hacer la melodía o un solo. Y cuando uno hace la base tiene que preocuparse porque la música camine lindo y no molestar al que está arriba en ese momento.
P.: Genéricamente podría decirse que usted es un músico de jazz, pero ha tocado mucho con artistas de rock; ahora mismo, lo está haciendo con Spinetta.
J.M.: Siempre he sido demasiado jazzero para los rockeros y demasiado rockero para los jazzeros. Seguramente, por eso muchos me han llamado para tocar y algunos también me han condenado por eso. Eso de embanderarse en un estilo de música puede ser cosa de la gente, pero creo que no debe ser algo del músico. Hay tantas músicas lindas. La emoción puede llegar en cualquier lado; y «cafonadas» hay en todos los géneros. Yo en mi casa tengo una gran variedad de discos, de todo tipo. Seguramente, si hiciera una selección, podría quedarme con muy pocos, y ahí estarían mezclados Hendrix, algo de jazz, Los Beatles, Luis Salinas o mi «Spaghetti Boggie». Esto tiene que ver, por supuesto, con la información amplia que recibí en mi casa. A mi papá le gustaba el jazz más tradicional ( Django Reinhardt, Armstrong, Ellington) y, a mi mamá, más un jazz con melodía ( Sinatra, Ella Fitzgerald), el tango fino, la bossa nova. Y por mi hermana mayor me acerqué a Los Beatles y a Deep Purple.
P: ¿Por qué se decidió por el bajo, un instrumento que no está destinado habitualmente a brillar en un grupo?
J.M.: Empecé tocando la batería. Es un instrumento que me sedujo desde chico. Me acuerdo de que mi viejo tocaba con Swing 39 en un ciclo en el teatro Santa María, donde también había varios grupos de hot jazz. Yo iba a verlos y me fascinaba con los bateristas; eso de golpear con los palos en los tambores y en los platos me parecía una cosa muy importante. Mi viejo me compró distintos instrumentos porque no se convencía mucho de mi gusto, pero finalmente me compró una batería. Era muy trucha, pero tenía un nacarado hermoso, y para mí era parecida a la de Ringo Starr, era una nave espacial.
P.: Pero no dijo cómo llegó al bajo.
J.M.: Lo que pasa es que la batería siempre es un instrumento más complicado; tenía horarios para tocarla. En casa había un bajo que mi viejo usaba a veces con los alumnos y empecé a tocarlo. Y vi que podía sacarle cosas muy buenas. Eso me dio la posibilidad de trabajar, siendo muy chico, con monstruos como Baby López Furst o Luis Cerávolo. Y ya cuando armé mi primer grupo, M3, con Norberto Minichillo, lo hice tocando el bajo. Yo siempre digo que soy músico por mi viejo y bajista por Minichillo, porque él me ayudó a sacar montones de posibilidades del instrumento.




Dejá tu comentario