Puro entretenimiento, igual que el original

Espectáculos

«Piratas del Caribe-El Cofre de la Muerte» (Pirates of the Caribbean: Dead Man's Chest, EE.UU., 2006, habl. en inglés). Dir.: G. Verbinski. Int.: J. Depp, O. Bloom, K. Knightley, B. Nighy y elenco.

Entre todas las variantes del cine de aventuras, las películas de piratas son las más añoradas, y difíciles de abordar por el Hollywood moderno. De hecho, ya en los tiempos de Errol Flynn y Tyrone Power, todo guión de filibusteros debía convertir al antihéroe estelar en un pirata redimido o un polizonte infiltrado entre auténticos hermanos de la Isla de Tortuga. Tal vez por eso, uno de los mas fieros personajes del género era «La Mujer Pirata» (Anne from the Indies), de Jacques Tourneur, que sublimaba conflictos sexuales dedicándose de lleno a masacres y saqueos sin tantos rollos.

El capitán Jack Sparrow (Johnny Depp) de la taquillera «Piratas del Caribe» era un simpático bribón más gracioso que nocivo. Y entre sus muchos enemigos, los verdaderamente peligrosos eran seres sobrenaturales que podían entretener a un público familiar sin exponer demasiado el espíritu anárquico de estos delincuentes de alta mar. Al final del primer film, Depp se burlaba a travás de su personaje de lo light del desenlace: «ésta sí que es una solución ecuménica», decía, mientras era perdonado de un baile final en el patíbulo.

Esta secuela es mucho más dark, violenta y notoriamente menos ecuménica. Su predecesora tenía como base argumental uno de los juegos mecánicos del primer Disneylandia, que era lo suficientemente tenebroso como para que algunas de sus imágenes (por ejemplo, algunas torturas) fueran eliminadas del corte final de aquel film. Esas imágenes ahora reaparecen En medio de los gags con Depp y la avalancha de efectos especiales, hay una trama más compleja, plena de referencias a leyendas marineras que ayudan a darle carácter a toda la película, y en especial a su protagonista, que llega a enfrentarse solo a uno de los más temibles monstruos marinos. El argumento tiene una débil línea realista, con la boda interrumpida entre Orlando Bloom y Keira Knightley, obligados a hacerse a la mar para robarle tesoros al capitán Sparrow si quieren el perdón de los autoridades. Por otro lado, el filibustero protagónico descubre que debe saldar una deuda grave y seria con un poder ultraterreno, el capitán del Holandés Errante, el mitad hombre mitad marisco Davy Jones, so pena de quedar quedar esclavizado en alguno de los horrendos océanos espectrales que parecen abundar en el Caribe. Hallar cierto cofre es el único modo de evitar agonías indescriptibles para Sparrow y su tripulación. En medio de esa búsqueda deberán enfrentarse a caníbales, entre otras cosas, y librar feroces combates con barcos piratas con un pie en el infierno.

Depp sigue fiel a su caracterización anterior, basada en parecer ebrio en prácticamente cada secuencia del film, sobre todo si está en medio de una pelea con más acrobacias que las que hubiera soñado Douglas Fairbanks (quien obviamente no contaba con tanta ayuda digital). Todo ayuda a que la nueva «Piratas del Caribe» sea siempre entretenimiento puro, sin el riesgo de ser tomada nunca en serio, a pesar de incluir escenas tan duras como la que le toca protagonizar a un padre pirata de alma condenada (gran trabajo de Stellan Skarsgard).

El que casi se roba la película debajo de sus tentáculos a todo FX es Bill Nighy, un gran Davy Jones. A la doncella Keira Knightley realmente le falta sensualidad, y Orlando Bloom, el héroe más chapado a la antigua, le falta un poco de chispa, aunque tiene mejores diálogos y escenas que en el film anterior.

Los efectos especiales y, sobre todo, la dirección de arte logran que siempre haya algo digno de ver en esta versión moderna y multimillonaria del viejo cine de super acción. Este parece haber sido el objetivo de Gore Verbinski, y hay que reconocer que dio en el blanco. Esta película la filmó «back to back» con la próxima secuela, que empieza con la promesa de seguir al Capitan Sparrow al mismo fin del mundo.

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