Rembrandt, pionero de grandes ventas

Espectáculos

Este año se cumplen 400 años del nacimiento de Rembrandt Harmenszoon van Rijn (el 15 de julio de 1606), por lo que todo 2006 estará dedicado a celebrarlo con grandes exposiciones en todo el mundo, incluida Buenos Aires. En marzo nos visitará la Reina Beatriz de Holanda y en el Museo Nacional de Bellas Artes se exhibirá no sólo el retrato de la hermana de Rembrandt, Lisbeth sino también un pequeño óleo de la Colección Di Tella atribuido al gran pintor junto con otras obras de la Escuela de los Países Bajos y obras de artistas contemporáneos en homenaje al maestro holandes.

El gran problema para el mercado de los «Old Masters» es el tema de la atribución de obras. Y Rembrandt es uno de los artistas mas falsificados e imitados de la historia. Por ello, desde 1969 se ha creado el Rembrandt Research Project, un emprendimiento a cargo de un conjunto de expertos holandeses que están catalogando su obra y que han valorizado algunas que se consideraban copias o bien realizadas por alumnos, mientras otras fueron dadas de baja. Entre éstas figura, desgraciadamente, «El jinete polaco», un cuadro que se puede admirar en la Frick Colection de Nueva York y que se denomina así porque estaba en una colección de Polonia. Ahora no se sabe de quién es. Siempre sorprendió la temática inusual en el artista holandés, el rostro anodino del jinete y las ropas más propias de la época de Cristo que del siglo XVII. Igualmente estaba considerada una de las cinco obras cumbre de Rembrandt. el hombre que creó el claroscuro en la misma época en que Caravaggio lo hacía en Italia. Ese efecto quizás escenográfico donde la luz era inventada, como una dicroica actual dirigida a un sector del cuadro, impacta y genera un punto de atención imposible de ignorar.

• «Locura»

Durante muchos años la obra más cara jamás vendida en el mundo era un Rembrandt: el fabuloso «Aristóteles contemplando el busto de Homero», una obra encargada por un coleccionista italiano, que luego le pidió un Alejandro Magno y también un Homero. Esa obra fue llamada «One Millon Dollar Painting» por la célebre revista «Life», en 1962, cuando se ofrecía a la venta en subasta en Nueva York y se pensaba que podía llegarse a pagar esa «locura», pero se equivocaron los especialistas ya que se pagó dos millones y el comprador fue el museo Metropolitan de Nueva York.

Es muy raro que un cuadro de
Rembrandt salga a la venta. Como mucho puede ser un óleo y quizás un dibujo al año, pero sí aparecen anualmente cerca de 300 aguafuertes, que siempre cambian de mano, nunca queda ninguno sin vender. Sus valores fluctúan entre 1.700 y 170.000 dolares, y esto es así no por su tamaño sino por su rareza, estado de conservación y procedencia, un dibujo puede fluctuar entre 250 mil y un millón de dólares y un óleo que no genere dudas sobre su autenticidad entre 1 millón y 40 millones. Pero recordemos que sus obras célebres están en museos y fuera del mercado.

Un retrato fue vendido en las subastas de enero en Nueva York tras un período de tan sólo tres años desde su venta anterior, y se pagó 3,5 millones más, una diferencia de 39 por ciento en tan corto lapso.

Rembrandt
fue un gran coleccionista, no sólo de pinturas de Rubens y otros maestros, sino también de animales embalsamados, joyas y piedras semipreciosas. Lo curioso es que se endeudó tanto para adquirir dichos objetos que todo fue embargado y vendido, incluyendo su estupenda casa en el centro de Amsterdam y, como tampoco así logró saldar todo lo que debía, quedó quebrado y sin trabajo. Por eso fue que su hijo Titus figuraba como su patrón y le consiguió algunos pocos contratos al final de su vida.

Pocos artistas han influido tanto en una época como es el caso de este artista genial. Todo el Siglo de Oro de Holanda está marcado por él. Pensar que también
Vermeer trabajaba a pocos kilómetros y nadie reparó en su trabajo.

El estupendo retrato de la hermana de
Rembrandt, que se encuentra en la sala Hirsch de nuestro Museo Nacional de Bellas Artes, fue adquirido por Alfredo Hirsch en la decada del '40 en una prestigiosa galería holandesa y luego su hijo Mario y sus sobrinos la donaron al museo. En esa sala, climatizada y preparada como los grandes museos del mundo, también se encuentran obras de algunos de los mejores discípulos que tuvo Rembrandt.

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