"Rent-los bohemios"

Espectáculos

«Rent-Los bohemios» («Rent, 2005; habl. en inglés). Dir.: C. Columbus.-Int.: R. Dawson, A. Rapp, A. Pascal, J. L. Martin, W. J. Heredia, I. Menzel y otros.

El musical «Rent» transcribe casi literalmente el argumento de «La Bohème» a escenarios contemporáneos (Puccini siempre es funcional para Broadway: no mucho antes que esta obra también lo hizo «Miss Saigon» con « Madama Butterfly»). El fallecido autor Jonathan Larson se valió de la enfermedad emblemática de la última parte del siglo XX, el sida, como sustituto de la tuberculosis del XIX. La Mimí de Puccini tose y busca unos leños que le den calor, la de Larson se inyecta y depende del AZT desde que el análisis de HIV le dio positivo.

Los bohemios de hoy viven en el East Village y les ocurre casi lo mismo que a los de la romántica bohardilla de París. No pueden pagar el alquiler («rent»), festejan la Nochebuena en un café alegre, queman manuscritos para darse calor en ese ambiente sórdido, frío y sin calefacción, y sufren similares desengaños amorosos. Desde luego, con las variantes de los tiempos y las costumbres sexuales.

El músico Schaunard es ahora un travesti, organizador de grupos terapéuticos de apoyo para portadores; de él se enamora otro de sus cofrades, el filósofo Collins (Coline en la ópera). Marcello (ahora Mark) riñe de igual forma con la temperamental Musetta (ahora Maureen), y ella le hace los mismos desplantes y lo deja... pero por otra mujer. Y Mimí (que se llama igual) juega una idéntica escena inicial con Rodolfo (ahora Roger), pero al agacharse a buscar la llave ya no le dice, como en Puccini, «soy su vecinita tímida, que borda flores y lo viene a importunar» sino «¿no es verdad que tengo el mejor culo de la calle 14?».

Tal vez esto pueda sonarles poco familiar a quienes aún añoran la Mimí de Victoria de los Angeles; sin embargo, haciendo un pequeño esfuerzo, habría que reconocer que aquí los cantantes responden, en físico,voz y actuación, a un perfil exactamente acorde con sus personajes y el medio donde se mueven. Y que tal vez, quién sabe, más artificioso sea ver a una rubicunda y rancia soprano de 100 kilos agonizando de tisis y simulando que tiene 20 años. En fin, que las convenciones de la modernidad no se diferencian demasiado de las que durante siglos caracterizaron a la ópera.

Los problemas de «Rent» para llegar masivamente al público son otros. A diferencia de «Chicago», por ejemplo, carece de estrellas conocidas, y su música, si bien vivaz y hasta chispeante en algunos pasajes (incluyendo dos o tres citas a la partitura de Puccini, en especial al «Vals de Musetta»), no llega a alcanzar la inspiración de los grandes musicales de Broadway (aunque eso tampoco es garantía para el cine: sólo hay que pensar en el catastrófico fracaso de «El fantasma de la ópera» y el poco interés que despertó «Evita», ambos éxitos de años en la escena).

El director Chris Columbus (responsable de los dos primeros «Harry Potter» y «Mi pobre angelito») muestra hacia la obra un exceso de fidelidad aunque poca decisión para meterse dinámicamente dentro de ella y borrarle su origen teatral. En ese sentido, «Rent» recuerda más los musicales de algunos cineastas no habituados al género (como el «Hair» de Milos Forman) que a películas con vida autónoma en cine, como el citado «Chicago» o, remontándose más en el tiempo, «Amor sin barreras», un musical de ambiente similar a «Rent», y que le faltaba más saludablemente el respeto a Shakespeare que Larson a su admirado Puccini.

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