27 de marzo 2008 - 00:00

Sainete cruel marca buen debut de Flehner

Los mismos excelentes actores que la interpretaron en teatro, animan ahora la versión cinematográficade la pieza de Julio Chávez, con la que el premiado publicista y productorEdi Flehner debuta como largometrajista.
Los mismos excelentes actores que la interpretaron en teatro, animan ahora la versión cinematográfica de la pieza de Julio Chávez, con la que el premiado publicista y productor Edi Flehner debuta como largometrajista.
«Rancho aparte» ( Argentina, 2007, habl. en español). Guión y dir.: Edi Flehner, sobre pieza de J. Chávez. Int.: L. Castello, L. Palazón, M. Scápola.

Con los mismos actores, y casi el mismo texto que se conociera en escena, pero todo envuelto por un baile rural que parece deliberadamente de fábula, o de propaganda comercial, y que acentúa más el drama de fondo, he aquí una muy buena adaptación de la ya conocida obra de Julio Chávez, y también una muy buena presentación de Edi Flehner como largometrajista.

Hace tiempo que Flehner disfruta de reconocimiento internacional como director de cine publicitario, con ocho leones de oro y varios clíos en su haber, y disfruta además como productor de largos, sean comerciales o «de autor», pero (alguna vez debía ser, antes de cumplir los 60) quiso darse el gusto de dirigir un largo, y lo hizo. Y lo hizo realmente bien, con toda la maña de quien conoce el oficio y sabe armar la imagen y el relato hasta el último detalle (y sabe esperar sin apuro su momento).

Todo está, ya se dijo, envuelto en un baile de campo. El futuro suegro regala a los novios un lindo rancho. Claro que, para que éste sea lindo y habitable, primero desaloja al viejo pícaro, pintoresco, mugriento, antojadizo y rencoroso que lo habitaba gratuitamente, y a la sobrina, de similares virtudes, que cuida al viejo. Desalojados, no ven más remedio que irse a la ciudad, e invadir la casa de una hermana medio estólida. La cual, pobre, vive en un departamento arreglado con esmero, según las normas en uso del medio pelo que quiere mejorar aunque sea de apariencia, incorporando para ello una serie inefable y acaso inexcusable de pequeñas ridiculeces (por ejemplo, a la vieja radio portátil le dice minicomponente).

Ese es el chiste, un sainete cruel, con humoradas que van desde la burla socarrona en voz baja hasta el sarcasmo altisonante y agresivo, donde algunos podrán ver una lucha entre alienación pequeño burguesa- y resabios de vida natural,-o cosa por el estilo. Por supuesto que cada personaje tendrá su parte de razón, y que, ante el desenlace, el espectador se verá de algún modo con el problema en las manos, y sin ninguna solución en la cabeza. Mientras la encuentra, el narrador del baile le deja, campechanamente, un consuelo que suena a triste, pragmática, e incluso egoísta confirmación de las cosas, desde que el mundo es mundo, como decían los abuelos.

De la adaptación, según parece, el autor sólo objetó un bombo que se oye hacia el final, quizá temiendo ciertas connotaciones no buscadas. Pero quizá, visto desde otro ángulo, el asunto va con la pintura de sus personajes, y con la confusión misma que ellos tienen, y la que causan en el espectador, que no sabe si tenerles piedad o dejar que se arreglen solos, y a otra cosa. A fin de cuentas, en la vida real casi todo el mundo elige la segunda opción. En resumen: buena mano, comicidad bien aplicada, y un planteo de fondo, que deja pensando. Vale la pena.

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