Salió a la luz inédito de Simone de Beauvoir
La breve novela da cuenta del vínculo con su amiga de la infancia, Elisabeth Lacoin, quien murió prematuramente a los 22 años.
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Simone de Beauvoir publicó en 1949 el revolucionario ensayo “El segundo sexo” donde, desde múltiples perspectivas (historia, filosofía, psicología, sociología, biología, antropología), investigó la vida de la mitad de la humanidad, la condición femenina, la relación entre identidad y género, el modo en que se le había impuesto un papel determinado a las mujeres, y las perspectivas de ampliación de sus derechos y libertades. El libro habría de convertirse en la biblia fundacional del feminismo contemporáneo. Cinco años después, en 1954, escribió una nouvelle que era un ejemplo concreto de cómo el sometimiento femenino al modelo impuesto podía llevar a la muerte. “Zaza murió porque intentó ser ella misma y porque la convencieron de que esa pretensión era algo malo”, dijo en “Las inseparables”, cuya publicación acaba de ver la luz recién este año. La ensayista le pidió a su pareja, Jean-Paul Sartre, su compañero de estudios en la carrera de Filosofía en La Sorbonne, que le echara una mirada a lo que había escrito. A Sartre le pareció que no cumplía con el objetivo, que el asunto era demasiado íntimo.
La historia del vínculo que unió a dos nenas de nueve años, brillantes y competitivas, las mejores del colegio católico colegio Desir, resulta inevitable. Tan inevitable como que Sylvie, “la mas formalita” (alter ego de Simone de Beauvoir) caiga deslumbrada ante la contestataria Zaza (Elisabeth Lacoin). Se vuelven inseparables. Sylvie ama a Zaza, en realidad admira a esa chica inconformista, divertida, apasionada lectora. Zaza no ama a Sylvie, no es su ideal. Con el tiempo el amor se invertirá. La familia de Zaza, ultramontana, se dedica a apagarle todas las luces, a alejarla del pobretón y sospechoso ateo Pascal (Maurice Merleau-Ponty). Zaza morirá a los 22 años de una encefalitis vírica. La hija adoptiva de la escritora, Sylvie Le Bon de Beauvoir, albacea y editora de este libro que se mantenía inédito, se pregunta: ¿qué fatal concatenación, que se remonta mucho más en el tiempo, encerrando en sus redes la totalidad de su existencia, acabó poniendo a Sylvie, debilitada, desesperada, en manos de la locura y la muerte? Simone de Beauvoir habría contestado: Zaza murió por haber sido excepcional. La asesinaron, su muerte fue un “crimen espiritualista”.
La filósofa y narradora intentó varias veces hablar de su amiga de infancia, de lo estimulante e inspiradora que había sido para ella, de cómo la familia hizo que enmudeciera su natural talento. Zaza está en “Memorias de una joven formal” y en “Los mandarines” (luego quitó el párrafo), novelas autobiográficas que tradujo la argentina Silvina Bullrich, donde relata la historia de su emancipación, el conflicto constante e inevitable entre intelectuales y biempensantes, y su elaborada elección por la independencia y la singularidad. La bella elegía en formato de novela que es “Las inseparables”, lleva a rescatar otras grandes novelas de Simone de Beauvoir como “La sangre de los otros”, “Todos los hombres son mortales” o “La mujer rota”. Y no dejar de esperar la publicación de las 112 cartas de “amor loco” que el documentalista Claude Lanzmann, realizador de “Shoah”, monumental película sobre el Holocausto, ordenó vender, poco antes de morir, en julio de 2018, a la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale, donde se detallan los apasionados siete años en que fueron amantes. Desde el inicial encuentro cuando De Beauvoir tenía 44 años y Lanzmann 27. La albacea Sylvie de Beauvoir prohibió que esas cartas se hicieran públicas en Francia, aunque ella hubiera publicado el carteo de su madre con otro de sus amantes, el novelista estadounidense Nelson Algren, y que fuera muy conocido que la autora de “La fuerza de las cosas”, “el Castor”, como la llamaba Sartre, practicaba el poliamor.
=Simone de Beauvoir, “Las inseparables” (Bs.As., Lumen, 2020, 157 págs.)



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