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30 de marzo 2006 - 00:00

"Salvador Allende"

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Aunque el corazón se le incline por sus sueños de juventud, el realizador Patricio Guzmán da una visión bastante ecuánime del líder marxista chileno, sus contradicciones y su triste final.
«Salvador Allende» (Chile-Francia-España-México-Bélgica-Alemania, 2004, habl. en español). Guión y dir.: P. Guzmán. Documental.

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Hace ya treinta años que el documentalista chileno Patricio Guzmán dedica sus esfuerzos al recuerdo de los tres años de gobierno de la Unidad Popular, cuando brilló la ilusión de «instalar el socialismo a través de las urnas, y no de las armas». Síntesis de ese trabajo, es la obra de madurez que ahora vemos, la primera, también, que se estrena en salas comerciales argentinas.

Bastante equilibrado y ecuánime, el hombre siempre supo plantear en sus obras los errores de dicho gobierno, rastrear complots desestabilizadores, y denunciar la torpeza criminal de la ultraizquierda, como el grupito de locos que mató a un dirigente de la Democracia Cristiana sólo por «agudizar las contradicciones». Le interesa tener el dato de primera fuente, confirmarlo, poner al público de cara a sus recuerdos, hacer hablar a los testigos. En este caso, además, hay uno que por sí solo ya vale una película entera, nada menos que Edward M. Kerry, el entonces embajador norteamericano en Chile. Con envidiable y mantenida sonrisa, y justificándolos ampliamente, Kerry cuenta sin demasiados eufemismos lo que Richard Nixon, Henry Kissinger, y la CIA hicieron para provocar la caída de Salvador Allende, incluso desde antes de que éste asumiera (por ejemplo, el asesinato del general legalista Schneider). Y agrega una apreciación muy interesante: el drama íntimo de Allende fue la lucha entre su propio carácter democrático humanista, y el deseo de figurar entre los héroes marxistas de la historia. Lo mató «su otro yo», explica el embajador.

Fuerte, también, la entrevista al último ayudante que lo vio con vida, y testimonia el suicidio, igual, pero todavía más dramático que el del presidente brasileño Getulio Vargas. El relato biográfico se completa con otras entrevistas de diverso tono (por ejemplo, la hermana de leche, que evoca tiempos de infancia, cuatro militantes que aún discuten posiciones, y la secretaria privada, fiel y discreta en el recuerdo de un amor que todavía se niega a confesar), imágenes de archivo, envidiablemente conservadas, mostrando odios y pasiones de sectores contrapuestos, y diversas recorridas por los lugares donde ocurrieron los hechos.

Esos lugares hoy están bastante cambiados, entre ellos la casa que fuera de Allende, y que sus opositores saquearon el mismo día del golpe, como aquí los golpistas saquearon la de Hipólito Yrigoyen. A propósito, hasta hace poco una placa recordaba su ubicación, a un costado de la 9 de Julio. Vaya a saberse hoy si las nuevas reformas tendrán esa placa en cuenta, o contribuirán al olvido, sin un Guzmán que se esfuerce por ayudar a la memoria. Película recomendable la suya, aún cuando, naturalmente, el corazón se le incline por sus sueños de juventud. Para ver, recordar, y discutir.

P.S.

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