16 de mayo 2001 - 00:00

Se extraña el viejo Memphis

Adrián Otero.
Adrián Otero.
Ya desde el nombre, cuando se creó hace casi 25 años, Memphis la Blusera marcó una definición sobre su música. Y durante mucho tiempo su propuesta estuvo en perfecta sintonía con esa posición. Así, con un blues rústico, suburbano, de voces aguardentosas y tres acordes, se fueron haciendo un lugar en el mundo del rock. Las bandas de fans fueron creciendo. Y los gritos de «vamos la bluseee» se hicieron comunes en conciertos multitudinarios del estadio Obras y de grandes teatros. Pero el éxito no es gratuito.

Proceso

Con ese proceso hacia la masividad, el grupo fue perdiendo integrantes pero también de «Memphis» y de «Blusera». Ablandaron su lenguaje; en los textos pero, fundamentalmente, en la música. Ganaron otros públicos, más amantes del pop que de las variantes «sucias» del blues y el rythm'n' blues; pero a la vez dejaron atrás a muchos de sus seguidores originales. Recibieron premios de los productores discográficos y de los conductores televisivos de mucho rating. Se hicieron más atractivos para el «stablishment» y olvidaron en buena medida sus orígenes. Así llegamos al Memphis actual, ahora un sexteto con muchos músicos invitados -«contratados», en rigor-, que acaba de editar un álbum que, como nunca antes, pone al blues originario en el arcón de los recuerdos.

«Angelitos culones» es un álbum al que le cabe perfectamente el rótulo de pop -atención organizadores de premiación de discos-, donde conviven un poco del viejo blues, el rap, el ska, una realización muy prolija, y muchos de los sonidos estandarizados por la industria. En un gesto osado que los honra, estos Memphis versión 2001 decidieron jugarse por su nuevo material y, contradiciendo todas las leyes de la seducción histérica, lo presentaron de punta a punta en el comienzo de su concierto frente a un público que lo escuchó respetuosamente, pero sin mayor entusiasmo. En la segunda parte, llegaron los viejos hits y, con ellos, otra vez el blues barrial. «Decime cuándo», «La flor más bella», «Lo mismo boggie», «Moscato, pizza y fainá», «Perro llorón», «La bifurcada», etc., levantaron, por fin, la temperatura de un Gran Rex que no alcanzó a colmarse.

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