Además del mediático James Bond de Daniel Craig, la ficción de espionaje tuvo también esta semana un gran momento para sus cultores más exigentes. En el Reino Unido apareció ayer póstumamente la última novela del maestro del espionaje, John Le Carré, aunque, tras revisar el material no editado de su padre, uno de sus hijos dio a entender que podría haber más títulos. Titulado “Silverview”, el libro parte de la improbable amistad entre un antiguo banquero de la City londinense y un emigrante polaco en una pequeña localidad de la costa inglesa. Le Carré, que trabajó en su juventud para los servicios secretos, vuelve a plasmar sus dudas sobre los métodos y la ética de la inteligencia británica. Pero aquí profundiza más en el tema del envejecimiento y la muerte. El novelista, cuyo verdadero nombre era David Cornwell, murió en diciembre del año pasado a los 89 años. Escribió 25 novelas, entre ellas el clásico llevado al cine “El espía que vino del frío”, y un volumen de memorias, “El túnel de las palomas” (2016), y ha vendido más de 70 millones de ejemplares en todo el mundo.
“Silverview”: la prensa británica elogia novela póstuma de Le Carré
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Para sus novelas de espías siempre se inspiró en su carrera previa, arruinada por una agente doble británica que reveló su identidad y la de muchos de sus compatriotas a la KGB soviética. Eurófilo convencido y férreamente contrario al brexit, había adoptado la nacionalidad irlandesa antes de morir y en su anterior obra, “Un hombre decente” (“Agent Running In The Field”), publicada en 2019 retrató al primer ministro británico Boris Johnson como un “cerdo ignorante”. Desde su muerte, sus cuatro hijos han estado catalogando su archivo de obras inéditas. El menor, Nicholas Cornwell, que también es escritor, se encargó de poner en orden el manuscrito de “Silverview”, del que reconoce que la familia tenía conocimiento aunque nunca supo porqué lo dejó de lado.
Smiley
Fue el propio Le Carré quien, durante un paseo, le había preguntado “¿Terminarás cualquier cosa que deje sin hacer? Y le contesté que sí, porque no me imagino diciendo que no en ese contexto”, dijo su hijo al diario Sunday Times. Considerando que “a veces el material que se publica póstumamente es malo y no debería editarse”, aseguró que “esto no entra en esa categoría. Es un libro genuinamente bueno”. Cornwell agregó que entre los papeles de su padre hallaron historias inéditas protagonizadas por el espía George Smiley, su personaje más famoso. “Hasta qué punto están terminadas o son publicables es algo que averiguaremos”, explicó. Aunque fue objeto de una biografía y escribió sus memorias, siguen existiendo misterios en la vida del autor que incluso su familia afirma no tener claros. “Nunca me dijo nada que no estuviera disponible en la esfera pública sobre su propia carrera de inteligencia. No sé nada más que ustedes”, aseguró Cornwell. “Me fascinaría que alguien escribiera lo que realmente hizo durante sus años de espía
El suplemento literario de The Guardian elogió decididamente la novela: “La única pregunta importante es: ¿es Silverview buena? Afortunadamente, la respuesta es sí”, escribió. “Dejando a un lado un comienzo inestable , el libro se asienta a las ocho páginas, y por última vez nos encontramos en el mundo familiar de le Carré: sus temas, sus protagonistas, su estilo impecable. Nuestro héroe es un tal Julian Lawndsley, un joven que huye de una carrera en la City y que se hace cargo de una librería en una ciudad costera de East Anglian. Tiene un temprano encuentro con Edward Avon, un hombre “tan loco como una flauta”, que tiene planes para Julian y el sótano de su librería, donde propone que establezcan una República de la Literatura. Edward, el pivote sobre el que gira ‘Silverview’, está casado con Deborah, una notable arabista y otrora gran rueda del servicio de inteligencia británico. Ella yace moribunda en la casa que da nombre al libro. La propia carrera de espía de Edward, y las turbias circunstancias en las que terminó, salen a la luz cuando el jefe de seguridad nacional del servicio, Stewart Proctor empieza a indagar en su pasado mientras investiga una filtración de información clasificada”.
Más adelante escribe el crítico: “Los hombres, seguramente, son el tema de Le Carré; los hombres y las lealtades que inspiran, las causas que abrazan, las instituciones que traicionanCon semejantes bases, no es de extrañar que algunos de los críticos más salvajes de Le Carré procedan de la comunidad de los servicios de inteligencia, y sin embargo él siguió hasta el final profundamente involucrado en ese mundo. En esta novela, todavía tiene que impartir conocimientos prácticos (cuando se discuten asuntos delicados, elige una habitación vacía sin paredes ni lámpara de araña) y revelar toques humanos, como la foto que se vislumbra en la pared de un estudio, en la que aparece el equipo de cricket del servicio. Detrás de todo ello está el familiar lamento, más melancólico que cínico, de quienes han dedicado su vida a unos ideales que han sido traicionados por un gobierno tras otro.”




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