Sobre el explosivo Los Angeles

Espectáculos

«Vidas cruzadas» es una de aquellas películas corales, subgénero de cierto Hollywood más o menos independiente que dio lugar a títulos como «Corazones apasionados», «Magnolia» o « Ciudad de ángeles». Molde superador del viejo «film à sketches» (sus personajes, aunque en historias diferentes, suelen estar casi siempre relacionados entre sí), reconoce además un parentesco muy estrecho con la estructura de las miniseries de TV: microdramas de vida propia, con ambiente y genealogía común.

Este film, estrenado no hace mucho en el país, tiene libro y dirección de Paul Higgis, un hombre de televisión que contribuyó relevantemente con el cine al firmar el libreto de «Million Dollar Baby». Es un producto que no carece de solidez, sobre todo en su planteo y desarrollo. La meta de Higgis es poner a la lupa la insalvable hipocresía en la vida cotidiana de una sociedad polirracial, y en especial la violencia latente o explícita que rige una ciudad tan compleja como la de Los Angeles, escenario privilegiado cuando se aborda un tema como éste.

«Vidas cruzadas»
es un fabulario de situaciones extremas, en muchos casos interesantemente trabajadas en lo dramático, aunque en otros con recaídas en ciertas sensiblerías y dudosas poetizaciones. No hay personajes protagónicos: todos ellos, aunque estén interpretados por estrellas como Sandra Bullock o Brendan Fraser, tienen igual preponderancia que los encarnados por actores poco conocidos, como subrayando el fin de dirigir la mirada únicamentea esa caldera de tensiones, odios y recelos que siempre parece a punto de explotar.

Si a los personajes de «Magnolia» los terminaba cubriendo una lluvia de sapos, literal, la precipitación final en «Vidas cruzadas» no es fantástica aunque sí atípica: es allí donde adviene una cierta pacificación que, en el mejor de los casos, debería entenderse como un cierre burlón.

Marcelo Zapata

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