12 de diciembre 2007 - 00:00
"Sobre la Triple Frontera sólo se conocen clichés"
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El joven escritor ambientó su novela en la Triple Frontera, porque «es un lugar enigmático; se habló mucho de ella por el narcotráfico, el terrorismo, el contrabando, pero se la investigó poco».
P.: ¿Por qué la Triple Frontera?
R.P.L.: Es el germen de la historia. Siempre me interesaron esos enclaves de los territorios. He viajado desde adolescente. Anduve por más de 30 países, y las fronteras me han parecido una manifestación evidente de los míticos ritos de pasaje, un lugar de cambio. Cambia el idioma, la cultura, la política o podemos sentirlo engañosamente parecido al lugar de donde venimos. Siempre me gustó encontrar los puentes -que acercan y separan-entre países vecinos.
P.: ¿Y por qué eligió justamente esos «puentes»?
R.P.L.: Porque es un lugar bastante enigmático. Se habló mucho de la Triple Frontera por el narcotráfico, el terrorismo, el contrabando, pero se la investigó poco. Lo que hay es repetitivo,una serie de clichés del tipo «es un nido de terroristas islámicos» o «es un paraíso del contrabando». Hay hechos delictivos ciertos, como ocurre en cualquier frontera porosa; ésta lo es, y mucho. Está poblada de idiomas: portugués, español, guaraní, y además hay poderosas comunidades chinas y árabes. Yo oí hablar allí mandarín y cantonés, y para asesorarme del trasfondo de lo que ocurría estuve hablando, entre otros, en inglés con el jefe de la mezquita más grande de Foz de Iguazú. Bueno, hice todo lo necesario para ambientarme.
P.: ¿Allí nació el tema?
R.P.L.: Surgieron en mí tres deseos: escribir una novela, que fuera un policial satírico y transcurriera en la Triple Frontera. Luego vino la primera imagen: un mafioso muerto en una ruta. Lo encuentran dos camioneros contrabandistas, que llevan camionetas robadas a Paraguay. Ven una cuatro por cuatro parada en una banquina y la codicia los puede, quieren sumarla a las otras. Pero adentro está un capo mafia que ellos conocen por su durísima fama. Bueno, no voy a contar lo que ya escribí.
P.: Su escritura tiene una fuerte influencia del cine.
R.P.L.: Eso es hoy inevitable. Y no es necesario acudir a las novelas de Raymond Chandler o a las adaptaciones que estaban ya en las novelas de James Ellroy. Mis grandes influencias son Elmore Leonard y Andrea Camilleri. Son bien distintos entre ellos, uno norteamericano, el otro italiano, pero ambos manejan el crimen y el humor al mismo tiempo. Leonard enseñó que hay que eliminar del relato todo lo que el lector tiende a saltarse porque el meollo de la historia debe ser la acción, no la descripción. Camilleri fue novelista, guionista, director teatral y televisivo, esos oficios lo deben de haber marcado a la hora de crear su extraordinario comisario Montalbano. Los dos son grandes maestros por cómo han sabido fusionar humor y tensión.
P.: ¿Y entre los argentinos?
R.P.L.: Podría empezar por el Soriano de «Triste, solitario y final», que tenía una forma de escribir muy ágil, muy amena, muy cercana; eso lo hizo popular. Fue cuestionado por los guardianes de la literatura y amado por los productores de cine. Es una pena que no se haya podido filmar esa novela.
P.: ¿Cree que podría pasar su novela al cine?
R.P.L.: Tiene agilidad, suspenso, atractivo visual. Tiene principio, desarrollo y final. Luis Sepúlveda nos recordó que una buena novela no es una bolsa donde se echa cualquier cosa. El arte es contar un buena historia donde el lector sienta que los personajes hacen su vida. Y en ese sentido el policial es un género narrativamente estructurante, que habla en forma concreta de problemas que nos tocan, habla de la inseguridad, de los manejos oscuros, de corrupción y mafias.
Entrevista de Máximo Soto



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