16 de agosto 2007 - 00:00

"Tú, yo y todos los demás"

«Tú, yo y todoslos demás» esel humilde perosimpático y,sobre todo,sensible debuten la direcciónde lareconocidaartista plásticanorteamericanaMiranda July(que tambiénactúa, y lo hacebien).
«Tú, yo y todos los demás» es el humilde pero simpático y, sobre todo, sensible debut en la dirección de la reconocida artista plástica norteamericana Miranda July (que también actúa, y lo hace bien).
«Tú, yo y todos los demás» (Me and you and everyone we know, EE.UU., 2005, habl. en inglés). Guión y dir.: M. July. Int.: M. July, J. Hawkes, M. Thompson, B. Ratcliff, C. Westerman, N. Slayton, N. Townsend, H. Elías, B. Henke.

Cada tanto llega a los cines una película como ésta, que se ve una sola vez en la vida, que tendrá una humilde carrera en salas, cables y video, y simplemente puede definirse como una película chiquita, sencilla, hecha con lo justo por desconocidos que nunca llegarán a estrellas ni siquiera en su barrio, donde pasan pocas cosas. Pero simpática, sensible, con el corazón abierto, y con un modo natural de exponer las cosas, que desarma a cualquiera.

Esto raramente se ve en el cine, al menos en el cine comercial norteamericano, y tampoco se ve demasiado en el llamado cine independiente norteamericano, del que la autora, la película, y su amiga la productora Gina Kwon (de origen gino) forman parte. Porque se trata «apenas» de una serie de situaciones naturalistas bastante calmas, describiendo las expectativas e indecisiones de algunas personas más o menos comunes en su búsqueda de afectos, o, aunque sea, de experiencia sexual. Un flaco de saco viejo y cuello desprolijo, vendedor de zapatería, su ex, el hijito negro que logra una cita por internet, el otro que soporta las prácticas medio asépticas de dos chicas vecinas, un viejo que soportó toda su vida a la mujer mal elegida, una nena muy organizada que va comprando cosas «que no pasen de moda» para cuando se case, algunas otras personas que lucen como

observadoras, y cuyo papel nos cierra hacia el final, y, también, una flacucha dulce que ya va para solterona, artista que se gana la vida como remisera de ancianos, y que se enamora del flaco. Se enamora, le da vueltas alrededor, y el otro no quiere darse por aludido (hay sobre esto una escena antológica lograda con pocos medios, donde ambos caminan juntos una cuadra). Eso es todo. Con su sensibilidad, y su forma de pintar esos seres que en el fondo son tristes, resignados al «como si» y «a falta de», Miranda July recuerda casi de inmediato a otras dos directoras: la canadiense Patricia Rozema, de «Yo escuché a las sirenas cantar» ( película que acá fue bien recibida y ahora es difícil de conseguir), y la australiana Sara Watt, del emotivo «Look Both Ways» (Mire a ambos lados), vista en Mar del Plata y Bafici del año pasado.

Además, las tres son artistas plásticas, pero, en materia de cine, la norteamericana es la menos ambiciosa. Lució sus performances en el MoMa y el Guggenheim, seguramente sabe de filosofía, pero en éste, su primer largometraje, prefirió hacerlo todo en tono menor. Le fue bien.

Además, la música de Mike Andrews la acompaña, y ella misma está muy tierna interpretando a la flaca enamorada.

P.S.

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