U2: buena música y algo de demagogia

Espectáculos

«Vertigo Tour». Actuación de U2. Con Bono Vox (voz, percusión), the Edge (guitarras), Adam Clayton (bajo) y Larry Mullen (batería). Grupo soporte: Franz Ferdinand. (Estadio River, 1 de marzo.)

El último disco de la banda se llama «How to Dismantle an Atomic Bomb» y fue publicado en 2004. De allí, como en los distintos puntos de su «Vertigo Tour» y como ocurrió más recientemente en Chile, sólo hubo unos pocos títulos: «City of Blinding Lights» y «Vertigo» con que abrieron el concierto y «Sometimes you can't Make it on Your Own». El resto, con el mismo espíritu de satisfacer al público que tuvieron las palabras de Bono, y de irse con los oídos llenos de aplausos y ovaciones, fue un compilado de grandes éxitos.

Si uno de los objetivos principales de estos shows argentinos era producir una película en 3D -de paso, se le comunicaba a los espectadores, a través de carteles, de su «consentimiento» a participar con sus rostros en el film sin reclamar derecho alguno; algo así como pagar para ser extra-, quedó claramente expuesto también en la lista de canciones elegidas y la actitud que rondó todo el concierto.

Es difícil entonces hablar de lo «puramente musical» en un recital de
U2 sin hacer referencia a la conocida actitud «bienpensante» de Bono; tan exacerbada a veces que ronda peligrosamente la demagogia. Así como en Santiago lució una campera con los colores chilenos, en Buenos Aires entró con su campera argentina. Festejó su nuevo paso por nuestro país, habló de los momentos difíciles por los que pasamos y de que afortunadamente vamos hacia una nueva Argentina, y hasta llegó a agradecer frente a 65.000 personas al presidente Kirchner por estos cambios. Como dóciles amantes del grupo, y muy especialmente de la mega estrella mediática Paul Hewson -o Bono Vox, según se lo conoce en el mundo del rock-, los argentinos, y también muchos turistas extranjeros, que pagaron verdaderas fortunas para estar en River, se emocionaron frente a cada propuesta del líder. Hubo gritos enloquecidos en temas como «Pride (In the Name of Love)», «Elevation», «I Still Haven't Found What I'm Looking For», «Miss Sarajevo» o «One».

Hubo papelitos arrojados desde las tribunas y carteles en el VIP-claque que rodeaba el escenario. Hubo miles de teléfonos celulares encendidos cuando Bono lo pidió. Hubo arengas por los derechos humanos desde las pantallas también ovacionadas por quienes difícilmente se acuerden del hambre en Africa el resto de sus días. En medio de estas contradicciones -de los artistas, del propio Bono y aún de su público-, los U2 pasaron por Buenos Aires una vez más con muchísima más gloria que pena.

El show fue impecable desde lo técnico, con un líder cantante que ocupa invariablemente el centro de la escena y con un trío de músicos que jamás abandona el lugar de acompañante. En lo musical, entonces, nadie puede haberse quedado con las ganas. Los
U2 hicieron una larga lista de hits -en un estilo más cercano al pop que al rock-, entregaron a sus fans lo que querían ver y escuchar, festejaron su paso por Buenos Aires como si fuera el punto central de la gira -y alguno hasta debe habérselo creído-; y la paz reinante tanto adentro como en los alrededores del estadio, y la muy prolija producción local, fueron los saludables condimentos para redondear un show que quedará en la memoria de quienes tuvieron los pesos necesarios para comprar su ticket.

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