6 de diciembre 2005 - 00:00
Un héroe olvidado, un film marginado
-
Millones ya la vieron: la película de Prime Video perfecta para los fanáticos de las historias de amor
-
La nueva película de Netflix grabada en la Cataratas del Iguazú que se convirtió en la más vista de la plataforma
Volker Schlöndorff: «Es un misterio lo que habló el cura de mi película
con el nazi que lo liberó por 9 días. Sus diarios apenas lo mencionan. Por
eso, el film tiene una alta carga de subjetividad. No es un docudrama».
Periodista: ¿Es cierto que ésta es su respuestaa la obra teatral «El vicario», llevada al cine con el título de «Amén» por Costa-Gavras?
Volker Schlöndorff: El autor de esa obra me persiguió por años para que yo la filmara. Me alegré muchísimo cuando la tomó Costa-Gavras. Francamente, no es mi clase de cine.Yo no estoy por películas a favor o en contra de nada, sea el Papa o lo que sea, y en este caso ya había una posición decididamente tomada contra el modo en que actuó Pio XII durante la Segunda Guerra Mundial. Pero no respondo a esa obra, sino a mi propio interés. Me interesa ver cómo una persona llega a una decisión.
P.: Que, sin embargo, se relaciona bastante con ese tema.
V.S.: La historia se basa en un episodio de la vida del padre Jean Bernard, un cura del pequeño Estado de Luxemburgo cuyo obispo supo enfrentarse al nazismo. Por oponerse al racismo de los nazis, el padre Bernard fue llevado prisionero al campo de concentración de Dachau, donde ya había muchos otros sacerdotes. Casi la mitad de los religiosos presos murieron en esos campos. Pero, curiosamente, a él le dieron una «licencia» de nueve días para volver a Luxemburgo. Se sabe que allí habló con el obispo, y con un lugarteniente de la Gestapo. Pero en el diario que llevaba, apenas dedica media página a los siete días que logró estar en su ciudad. Menciona esos dos encuentros, pero no dice de qué hablaron ni qué se dijeron. El resto del diario habla de sus días en el campo.
P.: Y usted imaginó lo que hablaron.
V.S.: Imaginamos qué clase de diálogos pudo haber tenido con un superior que rechaza el «diálogo» con el poder, pero comprende las complejas responsabilidades de la Iglesia para defender sus principios sin arriesgar la vida de sus fieles, que podían ser víctimas de bárbaras represalias. Y con un ex seminarista que a punto de consagrarse prefirió cambiar de fe y pasarse al nazismo. Hablamos de eso. Es una película que trata de la fe y la decencia. La misma historia pudo ocurrir bajo la Inquisición, o puede ocurrir en el futuro en los EE.UU. Lo que me interesa es ver cómo alguien llega a tomar una decisión cuando se pone a prueba su fe. Antes de decidirse nuestro personaje consulta con varias personas. Hasta lo consulta con Dios. Y confirma que la respuesta se encuentra en su propia conciencia. Lo notable, es que podamos ver todo ese proceso de decisión. Ya sabemos que ni él, ni su obispo, se podrán comportar de otra manera. La pregunta verdadera es: ¿tendré la fuerza necesaria para sostener esta decisión?
P.: Bernard fue un héroe digno de ser recordado. ¿Pero por qué usted lo llama por otro nombre?
V.S.: Le cambié el nombre, simplemente porque descreo de las películas que dicen «Esta es una historia real». No confío en los docudramas. Prefiero sincerarme y decir «Esta es una ficción, si se quiere inspirada en una historia real». Prefiero crear un personaje, no recrearlo. Si no lo conocí, no tenía sentido decir que lo recreaba.Aunque pienso que lo conocí, pero muy fugazmente.
P.: ¿Cómo es eso?
V.S.: Bernard salió de Dachau en agosto de 1945. Ya recuperado, en 1947 fue nombrado presidente de la OCIC, la Oficina Católica Internacional de Cine, cargo que mantuvo hasta 1972. También integró la comisión preparatoria de Medios, para el Concilio Vaticano II. En 1969 tuvo algunos problemas con el Vaticano, cuando la OCIC premió la película «Teorema», de Pier Paolo Pasolini. Murió creo que hace unos diez años.
P.: Entiendo que les debe su oficio a otros curas heroicos.
V.S.: A los 15 años quise estudiar francés, y enganché en un colegio religioso cerca de Paris. Recuerdo que ahí vimos «La Pasión de Juana de Arco», de Dreyer. Quedé muy impresionado por la fuerte fe de esa mujer. Hablamos sobre eso con los hermanos religiosos. Algunos de ellos tenían esa fuerza. Algunos incluso habían estado en la Resistencia, aunque no por ello se sentían héroes puestos a prueba. Dicen que la fe es un misterio. También vimos el documental «Noche y niebla», de Alain Resnais, sobre los campos de concentración. Yo era el único alemán de la clase, y todos me preguntaban cómo fue posible que hubiera pasado semejante cosa. Esta pregunta alimentó mi trabajo todos estos años. Ellos fueron quienes, viendo mis inquietudes, me aconsejaron poner mi pasión en el cine. «No necesitas ser lo que tus padres quieren que seas»,me dijeron. Por eso, cuando leí el guión de «El noveno día», me dije «yo conocí gente como ésta». Y sabía que debía hacer esta película, a modo de devolución por lo que ellos me dieron.
P.: A las monjas, en cambio, casi les toma el pelo.
V.S.: ¿Se refiere a una escena de «El tambor», que se hizo famosa aunque al final no la pusimos? Era una escena onírica, donde varias monjas se elevan con sus paraguas. Pensamos que recordaría la ascensión de los inocentes al cielo. Pero después la dejamos afuera, porque todas juntas parecían una bandada de Mary Poppins.
P.: Ultima pregunta: ¿es cierto que como protagonistade esa película había pensado en un enano?
V.S.: Si, pero un productor me paró en seco: «¿Para qué querés un enano, si después los enanos no van al cine? ¿El objetivo es crear una audiencia de enanos?» Habíamos encontrado un chico de 14 años que parecía de 10. La cámara lo amaba, era buen actor, los padres estaban contentos, firmamos contrato. Pero apenas comenzamos el rodaje, los padres compraron la novela, la leyeron, y se nos vinieron encima. Por eso quise buscar un enano.
Entrevista de Paraná Sendrós



Dejá tu comentario