“El juego del calamar” (“The Squid Game”), la serie surcoreana que lanzó Netflix hace tres semanas en 90 países, se convirtió en un insospechado éxito global. Después de 10 años de rechazo, por un guion considerado demasiado inverosímil, el éxito de la serie de suspenso distópico, dramático, de humor negro y sátira social de Corea del Sur, que consta de nueve capítulos, ha sido mayormente un éxito ajeno a la publicidad y más basado en el boca a boca, especialmente de adolescentes y aún de menor edad Los números del éxito, según el CEO de Netflix, Ted Sarandos, están llevando a la serie coreana a superar a Bridgerton, hasta ahora la más vista y popular de la plataforma. Hay quienes ya compararon este triunfo con el de la película “Parásito”, también surcoreana, que se llevó dos Oscar principales: el de Mejor Película y Mejor Película en lengua no inglesa, algo sólo paragonado por esta serie que, en los Estados Unidos, se exhibe con subtítulos, modalidad a la que en ese país no están acostumbrados.
Un juego siniestro que se convirtió en inédito boom
El “calamar” surcoreano, que reedita para ese país el éxito de “Parásito” en Occidente, va camino a ser la serie más vista de Netflix en toda su historia.
-
Disponible en Disney +: la sitcom más incorrecta de la historia que es perfecta para maratonear
-
HBO Max estrenó la película peor puntuada de una saga que traumó a millones de espectadores
El juego del calamar. Un paso más allá de “Los juegos del hambre”.
“El juego del Calamar” tiene como guionista y director a Hwang Dong-hyuk, quien dijo que el mundo es “un lugar donde las historias de la supervivencia única y violenta son bienvenidas para los lazos con la realidad que vivimos”. El director y guionista quiso reflejar en la historia “la empresa competitiva hoy. Esta es una historia de perdedores que se embarcan en la batalla diaria y son dejados a los márgenes, mientras los ‘ganadores’ continúan su escalada”. Un concepto representado en la serie con una visión onírica, grotesca y violenta, llena de citas, desde Agatha Christie a “Ojos bien cerrados”, de Stanley Kubrick, pasando por “Los juegos del hambre”
La serie cuenta la batalla por la vida de 456 “competidores” que aceptan participar en una misteriosa serie de juegos por un premio millonario. Hombres y mujeres, de todas las edades, devastados por deudas y por otros traumas, con carreras destruidas, violencias sufridas, crímenes cometidos o sueños de una nueva vida, llevados a una isla para “luchar”, todos vestidos con el mismo uniforme verde, en revisión y versiones corregidas de juegos infantiles, como “Un tira y afloja de dos, tres estrellas” o “El juego del calamar”, que da título a la serie y que hace alusión a un juego típico de Corea del Sur. Sin embargo, no saben que los perdedores en las diferentes eliminatorias son ejecutados y que cada muerte enriquece el premio mayor para el ganador hasta unos 37 millones de dólares. Todo bajo el control de un testaferro y sus guardias y verdugos, armados con ametralladoras, enmascarados y encapuchados con uniformes rojos.
Entre los personajes que luchan por la vida y el dinero, se encuentran Seong Gi-hun (Lee Jung-jae), un jugador sin un centavo de 40 años mantenido por su madre y compadecido por su hija de 10 años; Cho Sang-woo (Park Hae-soo), un comerciante financiero buscado por robar a sus clientes; la joven refugiada de Corea del Norte Kang Sae-byeok (Jung Ho-yeon) que necesita dinero para reunir a su familia; el generoso inmigrante paquistaní Abdul Ali (Anupam Tripathi) y el anciano y enfermo Oh Il-nam (O Yeong-su).
La historia, rodada con colores pasteles y giros oscuros, tuvo un efecto inmediato y multiplicador en las redes sociales, desde los videos de juegos en Tiktok hasta el fanfiction. Hwang Dong-hyuk evalúa si hacer una segunda temporada, tras la ansiedad en el rodaje de la primera en medio de la pandemia: “Por el estrés he perdido hasta seis dientes -contó- pero las personas están entusiasmadas con la serie, estoy considerando la idea”.
Una de las críticas que se le ha hecho en numerosos países es que la presunta idea de combatir la violencia con la exhbición de tanta violencia no es buena. En “El juego del calamar”, las apuests por mostrar más cosas atroces no cesan. La brutalidad de los jugadores, que se alterna de forma algo esquemática con sus muestras de bondad, es un recurso débil. Hwang Dong-hyuk ha destacado que escribió el guión en 2008, antes de proyectos con tramas similares como “Los Juegos del Hambre”. Pero él fue bastante más allá.



Dejá tu comentario