2 de enero 2008 - 00:00
Un siglo deudor de Berni
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La intimidad como territorio de descubrimiento
«El palco» (1980), acrílico de Carlos Gorriarena. El artista, fallecido el año pasado, debe mucho de su obra a las líneas establecidas por Berni.
«Ser artista es una de las mayores formas de ser libre», decía Berni. Y también: «Si no hay amor que transmitir, no hay pintura, no hay arte, no hay nada». Y además: «El verdadero artista y el verdadero arte de un pueblo es aquel que abre nuevos caminos impulsados por las cambiantes condiciones objetivas. Dejan de serlo los que pasan y obran según el cliché establecido, aferrándose a formas pasadas y caducas, que no obedecen a ninguna realidad artística ni social. Recibir, elaborando; importar, transformando, es la manera de construir lo propio».
Son declaraciones que resumen los puntos cardinales de la numerosa producción del maestro. Al margen de tendencias y vanguardismos, generó, un arte de avanzada, que le pertenecía por entero. El amor y la libertad constituyen el nervio de su discurso, porque ambos valores presiden la dignidad humana, que él buscó defender, sin demagogia y sin pedantería, por medios genuinamente creativos. El amor y la libertad hicieron de Berni un artista político, es cierto, pero él supo siempre relacionarlo con la poesía, una poesía donde cohabitaban la ternura, el humor, la piedad.
En la línea de ese arte político es justo ubicar la obra de Carlos Gorriarena (1925-2007), en particular la de los años setenta y ochenta. En sus series «A rostro descubierto», retratos basados sobre fotos periodísticas, y «Homenaje a los reporteros gráficos del Time's», llevó el análisis de lo que llamaba «la incoherencia del mundo» a ciertas grandes figuras internacionales.
En los largos años que han mediado desde su primera exposición, en 1959, dio testimonio de una Argentina azotada por convulsiones institucionales y turbulencias sociales. Desde ese año 1959, hubo tres golpes militares: en 1962, en 1966 y en 1976.
En sus telas y dibujos de 1979-82, Gorriarena dio cuenta de esta lúgubre Argentina de la represión ilegal y el vaciamiento económico, con imágenes desgarradoras, lacerantes, indignadas. Todas estas vicisitudes hallaron sitio en sus pinturas. También representó el eco de un mundo donde el armamentismo y la relación de poder crecían simétricamente con el aumento de la pobreza y la marginalidad.
Hacia 1983, pasa a la sátira social. Acude a la ironía y el sarcasmo para abordar los poderes oficiosos: el de los hábitos regimentados, el de las ceremonias falsas, el de las modas sociales, el de los medios electrónicos, el del turismo, el de las falsas leyendashistóricas. Son alegorías de un universo trivial, consumista, insensible, cuya existencia hace evidente con inesperados toques de alerta sobre la creciente cosificación humana.
Un ejemplo actual de lo que podemos llamar arte político urbano es el Grupo Escombros. Se llaman a sí mismos «artistas de lo que queda» y vienen desarrollando propuestas de arte social a través de instalaciones, fotos, performances e intervenciones en el espacio público, desde el surgimiento del grupo en 1988. Incluyen habitualmente textos, porque nacen del arte de ideas. La inscripción El individualismo es una cárcel de máxima seguridad: una jaula, una prisión, en cuyo interior un personaje mira hacia afuera pero no quiere salir aunque las puertas estén abiertas. La propuesta nos remite a las contradicciones de la seguridad focalizada en torno a la represión, en un país con mucha desocupación.
El grupo representó el Sálvese quien pueda con una escalera por la que ascienden figuras que se sostienen de cualquier manera, mientras en la base integrantes de una multitud se empujan, se pisan, se caen. Todos quieren llegar pero el poder no les deja otra opción que el sálvese quien pueda, un mural que llevaron a cabo en La Plata.
Los artistas de Escombros han recurrido a diversas estrategias y formas: la fotografía, el espacio público, los textos escritos y el uso del propio cuerpo. Una suerte de contra cultura. Aunque desde su formación, en los ochenta, Escombros se ha planteado como un grupo abierto, en los últimos años lo integran José Altuna, Claudia Castro, Horacio D'Alessandro, David Edward, Adriana Fayad, Luis Pazos y Héctor Puppo.




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