2 de enero 2008 - 00:00

Un siglo deudor de Berni

«El palco» (1980), acrílico de Carlos Gorriarena. El artista, fallecido el año pasado, debe mucho de su obra a las líneas establecidas por Berni.
«El palco» (1980), acrílico de Carlos Gorriarena. El artista, fallecido el año pasado, debe mucho de su obra a las líneas establecidas por Berni.
Fue Aristóteles quien sostuvo que el hombre es, por naturaleza, un animal político. Dos milenios después, Antonio Berni (1905-1981) explicó que todo arte y todo artista son, en última instancia, políticos; y que, «todo arte admite una lectura política». No es discutible la definición aristotélica, lo cierto es que la obra social y vasta de Berni, se constituye en un singular exponente de arte político, el más valioso de la Argentina y uno de los más importantes de América Latina, donde Berni alcanzó la estatura de los maestros. En rigor, fue él quien inició el arte político en Argentina, y en estos primeros días de 2008 queremos rendir homenaje a los pioneros que, hace ya muchos años, materializaron lo que definió el filósofo griego.

Hoy, a principios del XXI, las vanguardias -sobre todo la de los jóvenes-, se interesan por lo social y lo político, aunque con herramientas nuevas: video, el cine, las proyecciones, lo tecnológico. Berni señaló: «En mi caso, lo reconozco, pienso que la lectura política de mi obra es fundamental, que no se puede dejar de lado, y que si se la deja, no puede ser comprendida a fondo; es más, creo que una mera lectura esteticista de mi obra sería una traición.»

Pero, ¿qué es este arte político? Desde luego no es -como ocurrió y aún suele ocurrir- una forma de propaganda realizada a favor de un partido, como pasó con el realismo socialista de Stalin o las propuestas fascistas de los italianos; fue el cuestionamiento de las injusticias y desigualdades de la sociedad, formulado desde una óptica solidaria, humanista, creativa.

El arte político no responde a consignas: es una idea por sí misma; y no copia la realidad o un sector de ella: la indaga. En consecuencia, el arte político es ético; o bien, Berni expresa, una ética, una moral de las relaciones sociales que él entiende debenasentarse en la equidad y la fraternidad.

Según la concepción de Berni, el poder no sería un aparato de dominio sino una energía; la sociedad no se forma para establecer diferencias sino para consolidar afinidades, porque sólo en el segundo caso habrá sociedad; y la labor de los dirigentes, como la de los dirigidos, consiste en ahondar la unidad, no en promover la dispersión. El artista no debe estar por encima ni por debajo de la sociedad: debe estar dentro de ella; hombre y ciudadano.

Berni fue el primero en plantear el arte político en la Argentina: «Manifestación» (1934), «Desocupados», (del mismo año, rechazado por el jurado del XXV Salón Nacional), «Medianoche en el mundo» (1936-37). Los títulos bastan para entender los temas. Hay siempre un proyecto, elocuente, de trazo resuelto, sin espectacularidades ni ostentaciones; los grupos humanos invaden el lienzo como una suma de individualidades, no como una masa amorfa e impasible; cada personaje, cada rostro, es un estudio singular, hasta que el conjunto obtiene, por la sorprendente combinación de colores, por la disposición de las figuras, por el juego de los planos, por el clima severo, una armonía rotunda.

  • Definición

    «Ser artista es una de las mayores formas de ser libre», decía Berni. Y también: «Si no hay amor que transmitir, no hay pintura, no hay arte, no hay nada». Y además: «El verdadero artista y el verdadero arte de un pueblo es aquel que abre nuevos caminos impulsados por las cambiantes condiciones objetivas. Dejan de serlo los que pasan y obran según el cliché establecido, aferrándose a formas pasadas y caducas, que no obedecen a ninguna realidad artística ni social. Recibir, elaborando; importar, transformando, es la manera de construir lo propio».

    Son declaraciones que resumen los puntos cardinales de la numerosa producción del maestro. Al margen de tendencias y vanguardismos, generó, un arte de avanzada, que le pertenecía por entero. El amor y la libertad constituyen el nervio de su discurso, porque ambos valores presiden la dignidad humana, que él buscó defender, sin demagogia y sin pedantería, por medios genuinamente creativos. El amor y la libertad hicieron de Berni un artista político, es cierto, pero él supo siempre relacionarlo con la poesía, una poesía donde cohabitaban la ternura, el humor, la piedad.

    En la línea de ese arte político es justo ubicar la obra de Carlos Gorriarena (1925-2007), en particular la de los años setenta y ochenta. En sus series «A rostro descubierto», retratos basados sobre fotos periodísticas, y «Homenaje a los reporteros gráficos del Time's», llevó el análisis de lo que llamaba «la incoherencia del mundo» a ciertas grandes figuras internacionales.

    En los largos años que han mediado desde su primera exposición, en 1959, dio testimonio de una Argentina azotada por convulsiones institucionales y turbulencias sociales. Desde ese año 1959, hubo tres golpes militares: en 1962, en 1966 y en 1976.

    En sus telas y dibujos de 1979-82, Gorriarena dio cuenta de esta lúgubre Argentina de la represión ilegal y el vaciamiento económico, con imágenes desgarradoras, lacerantes, indignadas. Todas estas vicisitudes hallaron sitio en sus pinturas. También representó el eco de un mundo donde el armamentismo y la relación de poder crecían simétricamente con el aumento de la pobreza y la marginalidad.

    Hacia 1983, pasa a la sátira social. Acude a la ironía y el sarcasmo para abordar los poderes oficiosos: el de los hábitos regimentados, el de las ceremonias falsas, el de las modas sociales, el de los medios electrónicos, el del turismo, el de las falsas leyendashistóricas. Son alegorías de un universo trivial, consumista, insensible, cuya existencia hace evidente con inesperados toques de alerta sobre la creciente cosificación humana.

    Un ejemplo actual de lo que podemos llamar arte político urbano es el Grupo Escombros. Se llaman a sí mismos «artistas de lo que queda» y vienen desarrollando propuestas de arte social a través de instalaciones, fotos, performances e intervenciones en el espacio público, desde el surgimiento del grupo en 1988. Incluyen habitualmente textos, porque nacen del arte de ideas. La inscripción El individualismo es una cárcel de máxima seguridad: una jaula, una prisión, en cuyo interior un personaje mira hacia afuera pero no quiere salir aunque las puertas estén abiertas. La propuesta nos remite a las contradicciones de la seguridad focalizada en torno a la represión, en un país con mucha desocupación.

    El grupo representó el Sálvese quien pueda con una escalera por la que ascienden figuras que se sostienen de cualquier manera, mientras en la base integrantes de una multitud se empujan, se pisan, se caen. Todos quieren llegar pero el poder no les deja otra opción que el sálvese quien pueda, un mural que llevaron a cabo en La Plata.

    Los artistas de Escombros han recurrido a diversas estrategias y formas: la fotografía, el espacio público, los textos escritos y el uso del propio cuerpo. Una suerte de contra cultura. Aunque desde su formación, en los ochenta, Escombros se ha planteado como un grupo abierto, en los últimos años lo integran José Altuna, Claudia Castro, Horacio D'Alessandro, David Edward, Adriana Fayad, Luis Pazos y Héctor Puppo.
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