Un viaje poético y luminoso, pero de poco vigor dramático

Espectáculos

 «Naturaleza muerta (Still Life/ Sanxia Haoren (Hong Kong-China, 2007, habl. en mandarín y sichuano). Dir.: J. Zhangke. Int.: Z. Tao, H. Sanming, L. Zhubin, X. Haiyu, Z. Lin, M. Lizhen.

Un hombre simple, tanto que los responsables de la historia simplemente le dieron a este personaje el mismo nombre y apellido del actor que lo representa, llega al pueblo de Fengjie en busca de su ex esposa y su hija, que hace 16 años que no ve. Está muy poco y nada enterado acerca de ella, y de lo que el pueblo vive: el duelo de una próxima muerte bajo las aguas de una represa. Más adelante, también llegará una mujer en busca de su marido, pero al menos ella lo perdió de vista hace apenas dos años.

La excusa argumental de esta película está apenas desarrollada dramáticamente. Jia Zhangkie la ilustra con hermosa fotografía llamativa parsimonia, diversos objetos simbólicos, baja tensión general, y alto espíritu contemplativo. Contra lo que pudiera pensarse, la obra va haciéndose bastante absorbente.

Cabe aclarar: esto no es «Río salvaje», de Elia Kazan, donde uno de afuera se encuentra con pobladores que intentan resistir la construcción de una represa (y mejor todavía, se encuentra con Lee Remick, entonces jovencita), porque aquí casi nadie resiste nada, y lo que sobrevuela es un sentimiento colectivo de resignación, desamparo, y obediencia debida, que sin mayores palabras dice muchísimo acerca del rostro oculto del Con un tono general, parsimonioso, apagado, reflexivo, y una bellísima fotografía, « Naturaleza muerta » es la mejor (y menos larga) película del director de «Plataforma» y «El mundo».

régimen chino. Pero, desgraciadamente, tampoco es, ni de lejos, algo mínimamente parecido a ese intenso poema elegíaco llamado «Adiós a Matiora», de Elem Klimov, sobre los habitantes de una isla que juntos levantan la última cosecha, antes de ser llevados a diversos monoblocs en alguna ciudad nueva, y una vieja elige encerrarse con otras en su casa, sellarla como un sarcófago, y dejar nomás que vengan las aguas.

Nada de una vibración semejante alcanzaa rozar al espectador de esta película sobre «la buena gente de Tres Gargantas». Aún así, algo inasible va absorbiendo lentamente a la platea, que sigue con diverso interés las caminatas de los protagonistas, y los contrapuestos paisajes del pueblo en demolición frente a la naturaleza del Yangsé y sus orillas en su esplendor. Se agradece, de paso, alguna rara sorpresa, fuera del tono realista que se espera, pero nunca fuera del tono general apagado, reflexivo, del promocionado Jia Zhangke, responsable absoluto de esta obra. Que es, corresponde decirlo, la mejor y menos larga que de él nos ha llegado (baste recordar los aplastantes y amargos «Plataforma», de 154 minutos, y «El mundo», de 143), o en una de esas sencillamente es la mejor porque es la menos larga, y además la única parcialmente luminosa. Ganó el León de Oro en Venecia 2006, donde su paisano Zhang Yimou era presidente del jurado.

P.S.

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