Urbanyi, de regreso en el país con "Silver"

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Mientras escribe la segunda parte de su novela «El zoológico de Dios», autobiográfica historia que un chico que pasa de la guerra en Centroeuropa a la curiosa placidez de la Argentina del primer peronismo, Pablo Urbanyi vino a presentar (mañana, a las 19, en el Museo Roca), la reedición de «Silver», la novela que lo consagró en 1994 y que, confía, ha sido « corregida y aumentada», Urbanyi nació en 1939 en una Checoslovaquia que se volvió húngara tres meses antes de su nacimiento, vivió en una Hungría que ya no era Hungría hasta que, a los 8 años, emigró a nuestro país con sus padres y hermana. Acá estudió y se educó, y «hasta se recibió de porteño». Hoy, con su habitual ironía, sostiene que es un argentino apenitas canadiense, porque reside en Ottawa. y que cuando en la infancia fue centroeuropeo no sabe si era húngaro, checo o eslovaco.

Periodista: ¿Se vino de Canadá especialmente para presentar una reedición de «Silver»?

Pablo Urbanyi: Ese libro, que fue finalista del Premio Planeta, en aquellos tiempos en que aún creíamos en los premios. Durante los últimos años con «Silver» pasaron muchas cosas en el extranjero. Se tradujo al francés, al inglés, al húngaro, y se están haciendo traduccionesa otros idiomas, por ejemplo al italiano.Confieso que la versión al húngaro es la que ha tenido mayor número de ediciones y por tanto de la que más dinero recaudé. Pero junto a esto aparecieron los comentarios como el de Maryse Renaud, que sostiene que «Silver» «comienza reivindicándose como novela de aventuras para atraparnos con una trama insólita, que pasa por lo fantástico, la ciencia ficción. para convertirse en una previsora metáfora». Pero, además, esa repercusión hizo que los editores contrataran otras novelas, por caso «El zoológico de Dios» está por salir en Francia.

P.: ¿Por qué cree que «Silver» sigue interesando?

P.U.: Porque tiene varias interpretaciones posibles. Esta además ha sido, además de un reedición, una relectura y por lo tanto esta «nueva y mejorada». La verdad es que fui revisando la historia cada vez que se tradujo a un nuevo idioma.

P.: Entre la primera edición de «Silver» y esta reedición, ¿cuántos libros suyos aparecieron?

P.U.: Cuatro. «Puesta de sol», que fue traducido en Estados Unidos, en Francia y en Hungría. «2.058, en la corte de Eutopía», «Una epopeya de nuestros tiempos» y «El zoológico de Dios», ya editado en Hungría, y en marzo sale en Actes Sud, en Francia.

P.: ¿Qué hace en Ottawa?

P.U.:
Ottawa es un lugar que yo dije alguna vez en televisión que era, desde el punto de vista de la escritura, el cementerio de los justos. Estoy sumando energía para avanzar en unas tres novelas que tengo proyectadas. En este momento estoy escribiendo la continuación de «El zoológico de Dios», que transcurre durante la segunda guerra mundial y trata de un niño que tiene un amor con una muchacha del palacio donde él reside. Vive en un lugar que se llama Ipolyság, una pequeña ciudad que perteneció a Hungría, luego a los checos, después a los nazis y tras ellos a los soviéticos y ahora a Eslovaquia. Allí fue donde yo nací, y donde no hace mucho me nombraron Ciudadano de Honor. Yo tomo todos esos dramáticos vaivenes históricos de la ciudad como un recorrido de mi novela. Cuento la historia de ese chico hasta que su familia, por la pesadilla que se está viviendo, decide emigrar a Sudamérica, a la Argentina. Ahora trato de continuar esa historia.

Entrevista de Máximo Soto

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