4 de enero 2008 - 00:00
Veronese: el amor es una mujer gorda
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Daniel
Veronese:
«La
protagonista
dice que
no le
importa su
obesidad,
que es
feliz, pero
nadie
puede ser
inmune a
la mirada
de los
otros».
P.: ¿Qué buscaban?
D.V.: Alguien que tuviera una gordura determinada, que fuera muy simpática y que no desentonara con Goyti.
Algunas actrices que probamos producían el efecto contrario, hasta parecía más gordo Goyti. Helena apabulla al protagonista, lo enamora, lo encanta, bromea todo el tiempo y se expresa con mucha frontalidad. Tenía que ser una actriz muy preparada para asumir esta situación y Mireia es muy simpática dentro y fuera del escenario. Hasta su risa es contagiosa. Ella estrenó la obra en Barcelona y estaba fantástica. En cambio, la actriz que la hizo en Madrid me resultó poco convincente, como si forzara el encanto del personaje.
P.: Helena es una mujer a la que no le incomoda su sobrepeso.
D.V.: Efectivamente, ella tiene mucho desenfado. Dice que no le importa su obesidad, que es feliz así; pero después habrá que ver si no es una forma de negar ciertas cuestiones para sobrevivir. Al final de la obra propone cambiar su cuerpo...
P.: ¿Cómo resolvió las escenas de sexo?
D.V.: La actriz es muy desinhibida con su cuerpo. En la escena de la cama se sugiere un desnudo, pero a ella sólo se la ve en bombacha y corpiño. Es una escena muy linda, de mucha energía, ella y Goyti son como dos animales en la cama.
P.: ¿Usted vio «El amor» de Sergio Bizzio? Ahí Goyti interpretaba a un perro que tenía sexo con su dueña, María José Gabin.
D.V.: Sí eso fue hace más de diez años. Me hablaron de la obra, pero no la ví. Acá también tratamos de no reproducir la imagen de erotismo que nos muestra el cine y la televisión. Ellos no se miran a los ojos para decir: «Sos la persona más importante de mi vida». Son sus cuerpos los que hablan y se sacan chispas. Cuando uno hace el amor no discursea, a duras penas balbucea algo mientras muerde y babosea al otro.
P.: ¿Qué rescataría de este autor?
D.V.: He leído varias obras de él y me atrae mucho porque tiene una mirada muy cruel acerca de la relación del ser humano con su prójimo. A veces crea situaciones que son como experimentos. Tengo muchas ganas de hacer en teatro «La forma de las cosas», otro de sus films. Es sobre una estudiante de arte que se enamora de un chico que es cuidador de un museo y cuando se ponen de novios ella intenta persuadirlo de que cambie sus hábitos, su manera de peinarse y hasta su personalidad. En otra película suya, «En compañía de hombres», dos empleados son trasladados por un tiempo a otra sucursal y en el viaje planean enamorar a una misma mujer para después abandonarla. Es como un laboratorio de la crueldad...
P.: Esto me recuerda a sus primeros trabajos con el Periférico de objetos. La crueldad siempre estaba presente.
D.V.: Es como dice Tito Cossa: «el teatro no lo hace la gente buena.» Lo que a mí me interesa son estos fenómenos sociales que denotan, no digo la crueldad, pero sí el lado oscuro de los seres humanos. «Gorda» parece una obra liviana, pero tiene un contenido fuerte. Se dicen cosas tremendas que en general nadie se atreve a decir y que asaltan ese lado hipócrita que todos tenemos en lo social.
P.: También está el miedo a caer en desgracia ante los demás.
D.V.: La obra no habla de la gordura, sino de lo que le pasa a alguien cuando elige algo que los demás no eligen. «Gorda» tiene momentos graciosos y otros que son tremendos. Resulta inevitable no preguntarse ¿qué límites uno está dispuesto a traspasar para ser feliz?
Entrevista de Patricia Espinosa




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