Lo que están haciendo en estos conciertos de La Revuelta, a manera de festejo por el 20º aniversario, es un repaso de distintas épocas de su historia. Hay entonces temas de todos los discos, composiciones anónimas y creaciones de los integrantes del grupo. Y en ese panorama celta conviven las gigas con los pasodobles, las jotas con las muñeiras, las mazurcas con los hornpipes. De todo esto resulta una música que no está exclusivamente destinada a los amantes más fieles o a los grandes conocedores de este repertorio.
Con un fuerte acento en lo rítmico -y con una presencia importante de la percusión en los arreglos-, se trata en general de danzas -sin texto-con formato de melodía acompañada que impulsan a cualquiera a mover los pies o a hacer palmas. El violín, las flautas y las gaitas se reparten el espacio melódico, y la guitarra, el bajo y los teclados completan el cuadro desde lo armónico. Y todo desde una solidez en los arreglos y una seriedad en las interpretaciones que los siguen poniendo en el podio del movimiento celta de nuestro país.
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