Este domingo se cumple medio siglo del fin del patrón oro diseñado en la Conferencia de Bretton Woods, un sistema que obligaba a los países del Fondo Monetario Internacional (FMI) a mantener un tipo de cambio fijo respecto al dólar y al Banco Central estadounidense (FED) a respaldar su divisa con ese metal.
Efectivamente, fue el 15 de agosto de 1971 cuando el entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, suspendió el régimen monetario que nació en 1945 tras la reunión que los aliados de la Segunda Guerra Mundial mantuvieron en el Hotel Mount Washington de Bretton Woods, en New Hampshire.
Cincuenta años después, la moneda estadounidense sigue siendo la reina de los mercados de divisas, pero cada vez está más amenazada por las fuerzas de las economías emergentes.
Su directo "competidor", el euro, tras ser atacado por la especulación también debido a la debilidad en la coordinación de las políticas europeas, no afectó el prestigio de la divisa estadounidense.
El petróleo y el oro todavía se miden en dólares, pese a que ciertamente en las últimas décadas, el eje de la economía parece moverse cada vez más a Asia.
Los años setenta, tras la decisión de la Casa Blanca, se presentaron así a los mercados internacionales con un primer terremoto financiero, que sería seguido por muchos otros en los últimos 50 años: de los shocks petroleros del 73 y 79 a la crisis del sistema monetario europeo en 1992, para acabar en otra infinita generada por hipotecas de alto riesgo, luego de la quiebra de Lehman Brothers. Dicha crisis trajo una larga recesión y la crisis de deudas soberanas.
El último año, por lo demás, la pandemia no sólo causó emergencia sanitaria planetario, sino también una grave crisis mundial.
El anuncio de Nixon fue sólo un primer empujón a la infalibilidad del sistema, mientras las crisis financieras de los noventa pusieron directamente en discusión al sistema.
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Gentileza: Wanderglobe
Y la inestabilidad que se registra hace más de diez años en los mercados hizo el resto con el riesgo de poner fin a toda la implantación "occidental" del sistema, al menos en su forma actual.
De hecho, en el pasado, el declive de otra moneda "dorada", convertible por excelencia, la libra esterlina, dejó espacio para nuevas formas y nuevos centros de organización de mercados y divisas.
Toda una implantación de organización internacional es ahora puesta a prueba por cierres y restricciones, y por frenos en los intercambios internacionales, y los indicadores para los próximos meses sobre la tendencia de los contagios y de la recuperación en la fase de aceleración dirán si se puede decir que este colapso está superado.
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