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Guerra comercial, geopolítica, finanzas e inercia verde

El déficit comercial promedio anual de Estados Unidos con China de los últimos diez años rozó los u$s330 mil millones, con una tendencia claramente creciente, y la guerra comercial entre Estados Unidos y China tiene en vilo al mundo entero desde hace tiempo. En las últimas semanas escaló nuevamente, con consecuencias mediatas para la economía real, e inmediatas para el mundo financiero.

Algún escéptico o visionario, podría argumentar que el Acuerdo de París nació muerto 3 años y 36 días antes de aquel recordado 12 de diciembre de 2015. El twitt de un por entonces empresario casi full time decía: “El concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos con el fin de hacer menos competitivas las manufacturas de América”.

No cabe duda que políticas (por ejemplo, fiscales), que no beneficien a las energías limpias o, peor aún, que eventualmente beneficien a las más contaminantes, como el caso del carbón, tenderán a desacelerar la lucha contra el cambio climático, lo cual se potencia tratándose de la mayor economía del mundo, y del segundo país más contaminante. A principios de junio de 2017, el presidente Trump fue consecuente con aquel mensaje del 6 de noviembre de 2012 y presentó el pedido formal de retiro del acuerdo climático.

Sin embargo, a pesar del anuncio de salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, el efecto contagio no ha logrado el efecto buscado, y la inercia verde continuó. En el plano internacional, poco tiempo después del anuncio, el resto de los países del G-20 cerró filas a favor del cambio climático, declarando irreversible el Acuerdo de París.

En el plano interno, el movimiento “We are still in” fue una reacción casi inmediata que hoy agrupa a más de 3.500 instituciones, entre ellas, ciudades, estados, inversores y empresas de los 50 Estados. Adhieren desde pequeños negocios en minúsculas localidades, hasta inversores institucionales como CalPERS y empresas del tamaño de Apple. Por el lado de la energía, dada la constante caída de los costos de las energías renovables, continúa creciendo la cantidad de empresas que se vuelca hacia fuentes de energía no contaminantes. En éstos, como en otros casos, pareciera que “billetera mata poder político”.

En el sector financiero, Michael Bloomberg encabeza el Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD), creado por el Financial Stability Board, a pedido del G-20. Tras la asunción de Trump, la iniciativa no sólo no ha perdido fuerza, sino que ha ganado más adeptos (casi 600 organizaciones apoyaban la iniciativa en febrero de 2019). Las finanzas sostenibles también muestran lo suyo. Cientos de emisiones transformaron a Estados Unidos en el mayor emisor de Bonos Verdes del mundo, con más de u$s 34.000 millones en 2018.

Un dato no menor es que el proceso de salida del Acuerdo de París no es inmediato. La salida efectiva se produciría, “causal o casualmente,” a principios de noviembre de 2020, más precisamente un día después de la celebración de las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Una sorpresa a medias fueron las declaraciones del presidente americano en octubre de 2018: si bien no negó el cambio climático, también dijo que éste no necesariamente ha sido causado por el hombre. Otro visionario, esta vez un optimista, quizá advierta en esas declaraciones la punta de un iceberg, que es urgente descubrir antes de que el calentamiento global lo derrita. Guerra comercial, geopolítica, finanzas e inercia verde: ¿será que “todo tiene que ver con todo”?

(*) Profesor del Departamento de Finanzas, UCEMA.

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