12 de octubre 2004 - 00:00

Alivian liberaciones pero sigue ola de secuestros

Se sucedieron en las últimas horas nuevos secuestros que mantuvieron en vilo a los ciudadanos cansados de la violencia callejera. Una banda dividida en dos células secuestró en Capital Federal a cinco personas y cobró parte del rescate en territorio bonaerense. Hubo tiros y heridos al impedir que se consumase el delito en forma completa. En medio de tanta tensión, produjo algún alivio que otra banda de delincuentes liberase a Claudia Miranda (foto), luego de que su marido, un conocido comerciante de Baradero, pagara por su libertad. Estuvo seis días en cautiverio. Todavía permanece secuestrada Patricia Nine, hija de un empresario de Moreno. Una situación preocupante mientras León Arslanian, persistente, prolongó más allá de lo comprensible su puja pública con Blumberg.

Alivian liberaciones pero sigue ola de secuestros
En estado de shock y tras permanecer casi seis días en cautiverio con los ojos vendados, liberaron ayer a las 4 de la madrugada en la localidad de Capilla del Señor, partido bonaerense de Exaltación de la Cruz, a Claudia Miranda de Fernández, esposa de un supermercadista de Baradero. La liberación se concretó luego que su marido pagó -dos horas antes-el rescate exigido por los secuestradores. La mujer «celebró» ayer su cumpleaños 38°, en « libertad» y en su casa.

El pago por la liberación de la mujer se concretó a las 4 de ayer, cuando los captores guiaron a Fabián Fernández, marido de Miranda, hasta una ruta entre Baradero y el partido de Exaltación de la Cruz. Los secuestradores le indicaron a Fernández que dejara el dinero a un costado de la ruta, al lado de un contenedor. Tras pagar el rescate, Fernández se retiró del lugar, y a las dos horas su mujer fue liberada.

Por sus propios medios, la señora se trasladó en un remise hasta Baradero. Las primeras versiones indican que se habría dirigido hasta la sede policial, donde prestó declaración ante los investigadores del caso. Lo cierto fue que recién a las 8 regresó a su casa y se reencontró con toda su familia, se aferró a sus hijas en un abrazo y lloró desconsoladamente.

La liberación de Miranda se aceleró el fin de semana, luego que la banda hizo llegar una prueba de vida: un casete donde Claudia pedía que la familia pagase a sus secuestradores el rescate. La misma jornada en que apareció «la prueba», los secuestradores bajaron a casi la mitad sus exigencias respecto del monto inicial del rescate.

• Primer paso, una remisería

Al ser liberada, Miranda fue asistida por una mujer de nombre Irma en una remisería, y en un coche de esa agencia se dirigió hacia Baradero, distante unos 110 kilómetros de Capilla del Señor. «A las seis y cuarto, más o menos, llegó muy nerviosa a la remisería, donde pidió un automóvil para trasladarse a Baradero», relató la empleada de la remisería.

El remisero que llevó a Claudia hasta Baradero, Jorge Medina, recordó: «Yo le preguntaba cosas y no me respondía. Ella tenía la mano en el bolsillo y como no la sacaba, yo pensaba: 'Ahora saca un arma'. Como es una zona peligrosa, se me había puesto que se había escapado de una comisaría-'y ahora me agarra a mí'». Claudia Miranda había sido secuestrada el martes 5 a las 13.30, a cuatro cuadras de la seccional de Baradero y a dos cuadras del Colegio Fray Luis Bolaños, al que concurren sus hijas y desde donde regresaba en moto. En ese momento un automóvil Volkswagen Gol se cruzó en su camino y cuando Claudia cayó sobre el pavimento, dos hombres armados bajaron del vehículo.

Miranda ofreció resistencia y fue entonces cuando uno de ellos la tomó de los cabellos y la arrastró hasta el auto en el que huyeron. La escena fue advertida por tres adolescentes (de 15 años), quienes dieron aviso a la Policía y ésta a su vez instrumentó un operativo cerrojo que no dio resultado.

A partir de ese momento, tanto el fiscal federal de Campana, Orlando Bosca, como la Policía de Baradero, la Delegación de Investigaciones (DDI) de San Nicolás y detectives de la División Antisecuestros de la Bonaerense comenzaron a trabajar de oficio en el caso.

Fabián Fernández, esposo de la víctima, es un empresario de Baradero que inició su actividad con una modesta panadería y en los últimos tres años abrió dos supermercados, el último, hace apenas unos días.

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