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Hasta ese lugar llegaron tres hombres, uno de ellos vestido con el uniforme de un correo privado, quien portaba sobres vacíos con el nombre de ese estudio y otro situado en el tercer piso. En los dos bufetes utilizaron el mismo sistema para ingresar. El ladrón disfrazado de cartero llamó a las puertas y, cuando una empleada fue atender, la empujaron e irrumpieronlos tres, dos de ellos con armas en las manos. Tras robar dinero y objetos personales, los ladrones ataron de pies y manos a los empleados y directivos del estudio del tercer piso con precintos que se utilizan para sujetar manojos de cables. Tras taparles las bocas con cintas de embalar, se dirigieron al décimo, donde están las oficinas del defensor de Carlos Carrascosa, acusado de ser el asesino de su esposa María Marta García Belsunce.
Allí estaban Scelzi y seis personas más, con quienes actuaron de la misma manera que en el tercer piso.
Maniataron y amordazaron a los siete ocupantes del lugar, se llevaron dinero en pesos y dólares, celulares, relojes, perfumes de las víctimas y una colección de pipas de Scelzi. La diferencia con lo ocurrido en el tercer piso surgió cuando los ladrones vieron una caja fuerte cerrada y le exigierona Scelzi las llaves para abrirlas. No se sabe si el abogado de Carrascosa no tenía las llaves en ese momento o si no quiso entregarlas; lo cierto es que uno de los asaltantes se enfureció y tomó un cortapapeles en forma de daga del escritorio de Scelzi y lo apuñaló en una pierna. Los gritos de las empleadas que sucedieron a la agresión llamaron la atención de un vecino, quien avisó al portero, y ambos, al asomarse por el hueco de la escalera, vieron a los tres delincuentes bajando a gran velocidad.
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