La Biblioteca Nacional, considerada casi tan vasta como la de Babel imaginada por Borges, tiene menos libros que la del Uruguay. «Se pensaba que acá había más de 3 millones de ejemplares pero sólo existe, en un primer conteo, la quinta parte: sólo 617 mil», dijo ayer al mediodía Elvio Vitali, su director, cuando a tres meses de asumir elaboró un primer informe de situación.
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La mayor biblioteca del mundo, la del Congreso de los Estados Unidos, cuenta con 29 millones de libros. El quinto puesto lo ocupa la de China, con 23 millones. La del Uruguay posee 900 mil. La de la Argentina, como se sabe desde ayer, apenas 617 mil. Sólo hay 19 mil en el Tesoro y en la Mapoteca, a los que se le ha levantado la intervención que debió hacerse tras reiterados robos de mapas y, del mismo modo, la controvertida primera edición de «Fervor de Buenos Aires» de Borges. Ambos departamentos reabrirán en 45 días.
Por si faltara algo, Vitali dijo ayer que «la Biblioteca ha tenido un funcionamiento deficiente, los depósitos están mal ordenados y hay mucho material faltante. Lo principal ahora, para tener mayor seguridad, para saber si algo no está, es lograr un inventario riguroso del patrimonio. Si no hay un inventario computarizado e integral, la Biblioteca no garantiza efectivamente el acceso público a todos los materiales ni puede defender la integridad del patrimonio en custodia». Según el funcionario, que se hizo conocido como librero, ese inventario -que se iniciará en enero, mes de receso de la Biblioteca- «estará concluido en setiembre del año que viene».
La Biblioteca Nacional cuenta con un presupuesto anual de 7 millones de pesos, de los que «ya se ha ejecutado más de 70 por ciento», por lo que han reclamado a la Jefatura de Gabinete «un refuerzo de un millón de pesos para lo que resta del año, a fin de hacer frente a compromisos contraídos por personal y servicios, y deudas reclamadas por 3 millones de pesos. Pero, además, se necesita hacer compras de material, la Biblioteca no puede seguir así», se quejó Vitali.
La administración actual le pidió a Néstor Kirchner para 2005 una ampliación de los recursos económicos a 10,5 millones de pesos, semejante a la que obtuvo la Biblioteca en 1999: 10,7 millones, y por encima de los 9,7 millones de 1998, con una base habitual promedio de 7,5 millones. Vitali afirmó que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, había contestado positivamente a la demanda, y que envió el pedido de ampliación de presupuesto al Congreso. La pregunta que queda en el aire, y que nadie supo responder, es si esos 3 millones de libros que se creía en existencia eran sólo una cifra conjetural, acorde con la habitual sobreestimación argentina. De no ser puramente imaginarios, sería muy difícil explicar el destino de casi 2,4 millones de libros.
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