24 de diciembre 2004 - 00:00

La Navidad sin familia

«Esta es la undécima Navidad que no tenemos a nuestra familia con nosotros». Hilda Molina se resignó a que tampoco se reencontrará con su familia esta Nochebuena, «una fiesta muy importante para nosotros», según dice.

No obstante, la fundadora del Centro Internacional de Restauración Neurológica de Cuba y su hijo, Roberto Quiñones, aguardarán hasta la próxima semana e iniciarán una nueva ofensiva «con todos los gobiernos que haga falta porque esto está llegando a un límite». Molina relató las peripecias que sufrió su familia en Cuba a raíz del catolicismo que practican. «Cuando mi hijo iba a la escuela, mi madre (Hilda Morejón) lo bautizó a escondidas y le leía la Biblia, pese a que el régimen lo prohibía.»

«En una ocasión, cuando Robertico tenía 6 años, la maestra de la escuela preguntó al día siguiente de las fiestas de Navidad qué alumno había celebrado la Nochebuena. Mi hijo levantó la mano»,
contó la neuróloga. «La mandaron a llamar y le llamaron la atención. Mi madre les respondió que es un crimen preguntar a un niño inocente si cenó en la Nochebuena. El régimen trató de borrar a Dios», denuncia Molina, quien se había alejado del catolicismo en el comienzo del fervor revolucionario.

Molina pasará la Navidad escuchando misa a través de una radio de onda corta enviada por su hijo.

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