Algunos de los descansos son amplios y se puede dar la vuelta (pegado a las paredes) al Obelisco, pero otros son tan pequeños que tres personas dejan sin límite de capacidad ese sector.
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La escalera que te lleva a la punta del Obelisco, a 67,5 metros de esa planta baja pintada de blanco.
Fotos por Ignacio Petunchi
Finalmente, un chapón con dos agujeros que dejaban pasar la luz solar hacia el interior (los “ojos de fuego” que se veían desde planta baja), dan la bienvenida a la maravillosa punta roma que le da fin al Obelisco.
Allí se pueden ver los cuatros puntos cardinales de la ciudad desde los ventanales. Se siente cerca del cielo, aun cuando ya varios edificios superaron en altura al monumento blanco por fuera y negro por dentro.
En la punta del Obelisco hay una cámara de seguridad y una polea, vieja oxidada y sin uso, colgada del techo, además de un caño lleno de cables que le dan continuidad al pararayos que está en el exterior. “El Obelisco ya no es el edificio más alto de la zona. Es muy difícil que un rayo caiga acá”, explica uno de los operadores que trabajaban con algunos temas de las cámaras y radares allí instalados.
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Los siete descansos que tiene el Obelisco y sus "ojos" que esperan en la base de la punta.
Fotos por Ignacio Petunchi
En una de sus paredes existen dos leyendas talladas en el cemento que indican la fecha, año y participantes de la culminación de la obra y las de la inauguración.
La ventana Oeste muestra todo el esplendor de la Avenida Corrientes camino a Callao mientras que la opuesta, la del ala Este presenta el final de los últimos teatros y presenta la diagonal Norte que te deposita en la Plaza de Mayo.
La vista hacia el Sur se interrumpe con el edificio del Ministerio de Acción Social y la imagen de Eva Perón en una de sus fachadas para después seguir camino a la autopista 25 de Mayo y a toda la zona de Constitución. Para el Norte se ve también la autopista Illia, Retiro y el Río de la Plata.
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Una vez superada la planta baja, las paredes son negras y el interior del Obelisco comienza a ser iluminado por luces de emergencia.
Fotos por Ignacio Petunchi
Su construcción comenzó el 20 de marzo de 1936, bajo la presidencia del radical Roberto Ortiz, en conmemoración del cuarto centenario de la llamada primera fundación de la ciudad por Pedro de Mendoza y estuvo a cargo del arquitecto argentino Alberto Prebisch. La obra tardó poco más de dos meses y el Obelisco ya estaba emplazado en el centro porteño el 23 de mayo de ese mismo año.
El lugar elegido para este símbolo argentino no es casualidad, ya que allí se izó por primera vez, en 1812, la bandera nacional cuando la actual Plaza de la República era ocupada por la iglesia de San Nicolás de Bari (hoy en Avenida Santa Fe entre Uruguay y Talcahuano).
No fueron fáciles los primeros momentos del Obelisco en la capital de Buenos Aires ya que el día posterior a la inauguración parte del material utilizado cedió y se cayó al suelo. Para colmo a tres años de su creación, el Concejo Deliberante resolvió su demolición, sanción que vetó el intendente radical de aquel entonces, Arturo Goyeneche.
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El recorrido hacia la cima del Obelisco tiene varias marcas en sus paredes.
Fotos por Ignacio Petunchi
En 1962 la Plaza de la República sufrió la primera modificación desde la llegada del Obelisco y fue agrandada, pero la medida tomó marcha atrás nueve años después y volvió al mismo tamaño que tenía.
El Obelisco fue decorado por primera vez en 1973 cuando los “disfrazaron” de árbol de Navidad.
En 1987 la Ciudad decidió enrejarlo para que no sufra ningún tipo de vandalismo y hasta el día de hoy continúa de la misma manera.
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La visión desde arriba muestra como los descansos en forma de rombo son los que tienen una capacidad mucho más limitada mientras que los cuadrados permiten dar la vuelta al Obelisco.
Fotos por Ignacio Petunchi
- ¿Cómo se cuida el Obelisco?
En 2007, debido a los materiales utilizados para una campaña de concientización, algunas partes del Obelisco quedaron dañadas y eso obligó a efectuar los arreglos pertinentes, pero el monumento “no requiere un mantenimiento específico, sólo en casos puntuales como vandalismo u otros temas”, comentó el ministro de Ambiente y Espacio Público, Eduardo Macchiavelli, quien luego contó que para el 80º aniversario “se lo restauró, se lo hidrolavó y se lo pintó (con pintura antivandalismo) y se puso en valor su parte interna”.
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La polea y el caño que envuelve los cables de pararayo en la punta del Obelisco.
Fotos por Ignacio Petunchi
Una vez por mes el Obelisco abre sus puertas y allí van también especialistas que controlan la actualidad edilicia del mismo para saber en qué condiciones se encuentra.
"El Obelisco es un ícono para los porteños y argentinos, y su interior es una gran incógnita para todos. Estamos muy contentos que tantos vecinos participen para poder subir, y tengan la posibilidad de disfrutar desde allí arriba la vista que hay de toda la Ciudad”, finalizó Machiavelli.
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Las inscripciones talladas en la cima del Obelisco.
Fotos por Ignacio Petunchi
“¿Dónde tenía la ciudad guardada
esta espada de plata refulgente
desenvainada repentinamente
y a los cielos azules asestada?
Ahora puede lanzarse la mirada
harta de andar rastrera y penitente
piedra arriba hacia el sol omnipotente
y descender espiritualizada.
Rayo de luna o desgarrón de viento
en símbolo cuajado y movimiento
índice, surtidor, llama, palmera.
la estrella arriba y la centella abajo
que la idea, el ensueño y el trabajo
giren siempre a tus pies devanadera”.
Poema El Obelisco, de Baldomero Fernández Moreno, que puede leerse en una placa en la pared del monumento.
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