Con una misa en el patio de la escuela Islas Malvinas y una marcha con velas hacia la costa del río, padres, alumnos y docentes conmemoraron ayer el primer mes desde la masacre de Patagones que dejó el trágico saldo de tres muertos y cinco heridos.
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La misa comenzó poco después de las 19 y los alumnos presentaron como ofrendas tres retoños de árboles, tres acacias que fueron bendecidas por el cura párroco y hoy serán plantadas en el patio de la escuela «como un signo de vida» y en homenaje a Federico Ponce, Sandra Núñez y Evangelina Miranda. Se trata de los tres jóvenes muertos el 28 de setiembre, cuando un compañero, adolescente también, de 15 años, extrajo un revólver y comenzó a disparar.
La ceremonia fue concelebrada por el obispo de Viedma, Esteban Laxague, y párrocos de Patagones, y en las paredes de la escuela se pegaron fotos de las víctimas y se colgaron pancartas con sus nombres.
Luego del oficio religioso, la comunidad educativa y los padres marcharon con velas encendidas hacia la vera del río. El homenaje fue organizado por los chicos y fueron ellos quienes pidieron la asistencia del obispo y los párrocos en la escuela. Estuvieron presentes el titular de Educación de la provincia de Buenos Aires, Mario Oporto, y el intendente local, Ricardo Curetti, además de los padres y familiares de las víctimas. Antes de que comenzara la misa, los alumnos permitieron a la concurrencia ingresar en el aula donde hace un mes ocurrió la tragedia, que hasta ahora mantenían cerrada como un santuario.
Los jóvenes ya regresaron a sus aulas e intentan retomar el ritmo escolar, aunque todavía son muchas las cicatrices por cerrar. Los padres de los alumnos muertos incriminan a la jueza de Bahía Blanca -que entiende en la causa- por su accionar, pues sostienen que no volvió más al lugar de los hechos y cuestionan el destino que le asignó al joven que desató la masacre, quien sigue recluido en la base de la Prefectura Naval.
Los psicólogos encargados de analizar el caso consideran como un «acto negativo» la conducta de algunos miembros de la comunidad que insisten en buscar culpables o chivos expiatorios en medio de la tragedia.
Concretamente, los profesionales se muestran en contra de las presiones que ejercieron algunos padres de las víctimas sobre Dante -el mejor amigo del alumno que disparó dentro del aula-, quien abandonó la escuela y se fue con su madre lejos de Carmen de Patagones.
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