Vivir en la calle: mucho más que una carencia material

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No es solo gente que se quedó sin trabajo, sino que se quedó sin herramientas y sin esperanzas de avanzar.

En Argentina lamentablemente debemos hablar de pobreza, porque visibilizar el problema nos hace responsables y nos da la posibilidad de buscar soluciones concretas a tan triste realidad.

En nuestro país hay diferentes niveles de pobreza, pero cuando hablamos de pobres entre los pobres nos estamos refiriendo a las personas que lo perdieron todo, por múltiples razones y quedaron en situación de calle. Es considerado uno de los sectores más vulnerables de la sociedad.

“Estar viviendo en la calle significa mucho más que una problemática material. Podés vivir en un barrio popular con una clara deficiencia habitacional pero en los barrios populares hay un tejido, hay una comunidad, hay una red de sostén y acompañamiento muy fuerte. Que una persona termine en la calle muchas veces implica una pérdida de los vínculos familiares, una red que se rompió, un quiebre total”, aseguró la Ministra María Migliore, a cargo del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Para que una persona termine en situación de calle, se supone que hay muchos estamentos sociales previos que debieron fallar. La calle es el último escalón de una escalera vertiginosa y descendente al que una persona puede llegar. Son personas excluidas de un sistema que los expulsa y que difícilmente puedan volver a insertarse en un país donde las oportunidades para las clases preparadas son escasas y la clase media es cada vez más pobre. No es solo gente que se quedó sin trabajo, sino que se quedó sin herramientas y sin esperanzas de avanzar.

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Para que una persona termine en situación de calle, se supone que hay muchos estamentos sociales previos que debieron fallar.

Para que una persona termine en situación de calle, se supone que hay muchos estamentos sociales previos que debieron fallar.

“Encontrarle trabajo a alguien en situación de calle no resolvía el problema porque muchas veces detrás de esa persona nos encontrábamos con un problema de abuso sumamente grave o que requería de alguna intervención psicológica, también nos encontrábamos con gente que tenía problemas de consumo y requería algún tratamiento por adicciones. Nosotros somos una especie de intermediarios entre la gente de calle y las instituciones que brindan esos servicios, pero deben ser las mismas personas las que deseen cambiar porque son las que ponen el cuerpo”, afirmó María de Jesús Espil, voluntaria y del equipo de comunicación de Fundación Sí.

La Fundación Sí desde 2009 asiste aproximadamente entre 800 y 1.000 personas en situación de calle repartidas entre C.A.B.A., Córdoba, Rosario, Salta, La Plata y parte de Gran Buenos Aires. En la fundación nadie cobra un sueldo y cada voluntario tiene su trabajo remunerado aparte. Son 2.500 voluntarios, divididos en 44 equipos en todo el país. El Covid-19 los llevó a reorganizarse.

Por su lado C.A.B.A. cuenta con 40 lugares para gente en situación de calle entre paradores, refugios y centros de inclusión, con una capacidad total de 3.300 camas. En este momento, según datos oficiales hay 1.687 plazas ocupadas, aunque las organizaciones sostienen que es un poco más. En el marco del cambio de dinámicas, el Gobierno lanzó el Operativo Frío, hace meses, desde donde todas las noches más de 40 móviles salen a recorrer la ciudad “con el objetivo de ver que estas personas acepten venir a alguno de los centros de inclusión, y en tanto que no quieran hacerlo se les reparte comida caliente y frazadas”, contó la Ministra.

Paradores y refugios de rotación diaria

A pesar de las ofertas de acogida de los paradores, muchas personas en situación de calle prefieren rechazarlas afrontando las consecuencias. Muchas veces prefieren el frío y el peligro, a perder todo lo que poseen.

“La razón fundamental suele ser porque los paradores son de paso. Las personas van por una noche, tiene que hacer fila a partir de las 6 de la tarde, ver si hay cupo para poder ingresar y si lo hacen, tienen esa noche para pasar ahí. Pero para pasar esa noche ahí, ellos tuvieron que abandonar sus muchas o pocas cosas, el colchón que consiguieron, las frazadas, todo eso lo tienen que dejar. Es decir, dormís bien una noche pero al día siguiente te las tenés que rebuscar,” detalló María de Jesús.

Los paradores son centros de asistencia de rotación diaria, diferente de los hogares donde la permanencia es más estable. Al respecto, la Ministra María Migliore analiza la posibilidad de mejorar el sistema: “Estamos evaluando la posibilidad de una readaptación para que los refugios sean más estructurales, poner personas por un tiempo determinado y que no haya tanta rotación.”

Desde la Fundación Sí explican lo que experimentamos muchos de los ciudadanos comunes al transitar las calles de las grandes ciudades de nuestro país: “La mayoría de las veces uno podría pensar que esa persona está en la calle cuando podría estar calentita en el parador, pero la realidad es que la persona que tiene que ir a vivir a la calle debe enfrentar un proceso que solamente podría entender quien lo vivió. Cada vez que lo charlamos en las recorridas encontramos realidades muy diferentes. No es digno para nadie tener que estar durmiendo en la calle pero tampoco podemos juzgar la elección de cada una de las personas.”

La pandemia acrecienta la pobreza

Las organizaciones sin fines de lucro, el Gobierno y las entidades religiosas coincidieron en que el número de personas que asistieron a los centros y en busca de ayuda creció exponencialmente desde que comenzó la pandemia.

“En otro contexto mucha gente no hubiera aceptado venir al centro de inclusión, pero aceptaron venir en esta situación en particular porque la dinámica comercial de la ciudad estuvo parada durante mucho tiempo. Son poblaciones que viven de alguna changa o ventas de artesanías o de lo que los restaurantes o panaderías les dan. La dinámica de la ciudad cerrada y la menor circulación, imposibilitó este modo de vida. Por lo tanto un gran número de personas vinieron al centro de inclusión”, afirmó la Ministra María Magliore.

Por otra parte el Padre Martín Panatti, párroco de la Iglesia Nuestra Señora de Montserrat cuenta que: “De 2019 a 2020, se duplicó la cantidad de gente que viene a pedir. Tenía alrededor de 70 personas y ahora tengo 140 que mes a mes peregrina por la parroquia. Las asistimos con ropa, alimento y medicamentos

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