El trasplante celular fue inaugurado por un equipo canadiense de la universidad de Edmonton. Consiste en sacar de un donante en estado de muerte cerebral los islotes de Langerhans, la parte del páncreas que contiene las células que segregan la insulina.
Luego se inyectan entre 500.000 a un millón de esos islotes en una vena que lleva al hígado, dando una o varias inyecciones. Los islotes se fijan en el hígado del paciente -no en su páncreas- y comienzan rápidamente a segregar insulina.
El paciente del King's College recibió tres inyecciones.
Los expertos estimaron en 2004 que más de cien personas habían sido sometidas a esta terapia en el mundo. La mitad de unos 60 enfermos tratados en Canadá no necesitaba insulina tres años después.
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