Los uniformados federales fueron procesados por torturas.
Un total de seis policías federales que se desempeñaban en la comisaría 23 de la Capital Federal fueron procesados acusados de torturar a tres menores que habían sido detenidos el 20 de julio del año pasado por un presunto robo.
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Fuentes judiciales señalaron que la medida fue dictada por la sala VI de la Cámara, con las firmas de los jueces Alberto Seijas y Marcelo Lucini, al ratificar los procesamientos dictados por el magistrado Mariano Scotto, contra los seis uniformados, dos de los cuales habían sido apresados y una restante escapó.
Ellos fueron la subinspector Natalia Verón, que está prófuga desde el 8 de abril pasado, el cabo Mariano Cerrillo y el sargento primero Juan Raúl Villegas. Todos ellos fueron procesados por el delito de "tortura reiterado en tres oportunidades" y embargados hasta cubrir la suma de 40.000 pesos.
Por el caso, otros tres policías corrieron idéntica suerte por el delito de "apremios ilegales agravados"; otro por "omisión de evitar la comisión de torturas" y dos restantes por "omisión de denunciar la comisión de torturas".
El pasado 8 de abril, se anticipó la detención de Villegas y Cerdillo, mientras que Verón no pudo ser apresada porque se fugó, luego de que fueran acusados por torturas con golpes y picanas a tres menores -dos de 16 años y uno de 17- que fueron apresados el 20 de julio de 2010 en la comisaría 23 por un presunto hecho de robo en Palermo.
En aquella ocasión, la División de Asuntos Internos de la fuerza, por intermedio del juez Federico Salvá, dispuso esa orden contra los tres uniformados, aunque ya habían sido pasados a disponibilidad junto a otros siete efectivos -Cerrillo fue el único que siguió en sus funciones-.
La madrugada del día del Amigo del año pasado, los tres menores estaban parados en la intersección de las calles Guatemala y Gurruchaga, donde un suboficial de la comisaría 23ª escuchó un estallido de vidrios.
Al llegar al lugar notó que había una camioneta 4x4 con los cristales destrozados, mientras los jóvenes permanecían en otro costado. En ese momento, sin tener la precisión de que habían sido los responsables del hecho, el uniformado los sentó en el piso hasta que llegaran móviles de refuerzos.
Al lugar arribó el patrullero 123, a cargo de la subinspector Natalia Verón y su chofer, mientras que enseguida llegaron también el 223 y 323. Los policías labraron el acta de detención e imputaron a los chicos por "tentativa de robo automotor" sin que existiera prueba de ello, y los trasladaron a la comisaría 23ª.
Una vez que fueron liberados, uno de los jóvenes, hijo de un fletero, denunció torturas dentro de la seccional, con golpes, picanas y otras humillaciones. El chico declaró en su momento que mientras lo llevaban en el patrullero, la mujer policía, le tomó la colita del pelo y le dijo: "Acá la única que usa colita, soy yo" y procedió a cortársela.
Por estos episodios, la División de Asuntos Internos presentó la denuncia por apremios ilegales en el juzgado de Instrucción número 34 del juez Salva y se los detuvo. En un principio había trascendido que habían apresado a los tres policías, pero finalmente se constató que la subinspector Verón se fugó y en la actualidad es buscada de manera intensa.
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