La misión espacial europea Gaia toma lecturas excepcionalmente precisas del brillo aparente de una estrella, vista desde la Tierra, y de su color, y construye datos inusualmente precisos, que incluso permiten aproximarse a la fecha de la muerte del Sol.
Se indicó que convertir esas características básicas de observación, en las propiedades intrínsecas de una estrella es "un trabajo minucioso".
La correlación de luminosidad y edad permite trazar cada estrella del Universo en un solo diagrama, conocido como el diagrama de Hertzsprung-Russell (HR), que se ha convertido en una de las piedras angulares de la astrofísica.
Se detalló que "un diagrama HR traza la luminosidad intrínseca de una estrella frente a su temperatura superficial efectiva, y al hacerlo, revela cómo evolucionan las estrellas a lo largo de sus largos ciclos de vida".
Al respecto, se añadió que, "si bien la masa de la estrella cambia relativamente poco durante su vida, la temperatura y el tamaño de la estrella varían mucho a medida que envejece".
"Estos cambios son impulsados por el tipo de reacciones de fusión nuclear que tienen lugar dentro de la estrella en ese momento", se añadió.
En el caso del Sol, "con una edad de alrededor de 4.570 millones de años, se encuentra actualmente en su cómoda edad media, fusionando hidrógeno en helio y, en general, siendo bastante estable; incluso serio".
Pero se advirtió: "Ese no será siempre el caso. A medida que el combustible de hidrógeno se agota en su núcleo y comienzan los cambios en el proceso de fusión, esperamos que se hinche hasta convertirse en una estrella gigante roja, bajando la temperatura de su superficie en el proceso. Exactamente cómo sucede esto, depende de la cantidad de masa que contiene una estrella y su composición química".
Respecto de la investigación, se precisó que "se concentró en estrellas que tienen temperaturas superficiales de entre 3.000K y 10.000K, porque son las más longevas de la galaxia y, por lo tanto, pueden revelar la historia de la Vía Láctea".
Luego, se mostró solo aquellas estrellas que tenían "la misma masa y composición química que el Sol, que permiten trazar una línea a través del diagrama H-R que representa la evolución de nuestro Sol desde su pasado hasta su futuro" lo que reveló "la forma en que nuestra estrella variará su temperatura y luminosidad, a medida que envejece".
Temperatura máxima a los 8 mil millones de años, y Gigante Roja a los 11 mil millones de años
A partir de este trabajo, queda claro que nuestro Sol alcanzará una temperatura máxima aproximadamente a los 8.000 millones de años, luego se enfriará y aumentará de tamaño, convirtiéndose en una estrella gigante roja alrededor de los 10 a 11.000 millones de años. El Sol llegará al final de su vida después de esta fase, cuando finalmente se convierta en una enana blanca tenue.
Es una fuente de cierta ironía que el Sol sea nuestra estrella más cercana y más estudiada, pero su proximidad nos obliga a estudiarlo con telescopios e instrumentos completamente diferentes de los que usamos para observar el resto de las estrellas. Esto se debe a que el Sol es mucho más brillante que las otras estrellas. Al identificar estrellas similares al Sol, pero esta vez con edades similares, podemos superar este vacío observacional.
Para identificar estos "análogos solares" en los datos de Gaia, Creevey y sus colegas buscaron estrellas con temperaturas, gravedades superficiales, composiciones, masas y radios similares al Sol actual. Encontraron 5.863 estrellas que coincidían con sus criterios.
Cómo será la muerte del Sol
El Sol se transformará en un anillo luminoso de gas y polvo interestelar, conocido como nebulosa planetaria. Que el Sol morirá en unos 5.000 millones de años es algo en que los científicos concuerdan, lo que no se sabía es qué ocurrirá cuando eso suceda.
Un equipo internacional de astrónomos de la Universidad de Mánchester (Reino Unido) logró predecir qué ocurrirá cuando la vida de la estrella central en nuestro sistema planetario se extinga: se transformará en un anillo luminoso de gas y polvo interestelar, conocido como nebulosa planetaria.
La nebulosa planetaria es en lo que termina transformándose el 90% de las estrellas vivas y marca la transición de una gigante roja hasta convertirse en una enana blanca.
"Cuando una estrella muere, expulsa al espacio una masa de gas y polvo, conocida como envoltura, que puede llegar a la mitad de su masa total. Esto deja expuesto al núcleo de la estrella, que en este punto se está quedando sin combustible, apagándose y finalmente muriendo", explicó Albert Zijlstra, uno de los autores del estudio publicado en Nature Astronomy.
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