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De acuerdo con las estimaciones científicas, el cosmos posee una edad aproximada de 13.800 millones de años. El equipo japonés llegó a esta conclusión tras medir la temperatura de la radiación cósmica de fondo, el resplandor que quedó del Big Bang y que aún impregna todo el espacio.
Para reconstruir las condiciones del pasado remoto, los expertos analizaron la luz que viajó durante 7.000 millones de años antes de llegar a la Tierra, lo que les permitió observar el estado térmico del Universo en esa época.
Afirman que es "una predicción fundamental para la teoría del Big Bang”
El principio básico del modelo del Big Bang sostiene que el Universo se expande constantemente, y que este proceso implica un enfriamiento gradual a lo largo del tiempo. Por lo tanto, el cosmos debió haber sido mucho más cálido en sus primeras etapas.
En este sentido, el portal especializado Science Alert destacó que los resultados del trabajo representan “una predicción fundamental para la teoría del Big Bang”, al confirmar empíricamente lo que la física teórica ya anticipaba.
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Cómo se realizó el estudio
Los científicos de la Universidad de Keio basaron su análisis en datos obtenidos por el Telescopio ALMA, ubicado en el desierto de Atacama, Chile, una de las herramientas más avanzadas para la observación astronómica.
Durante el estudio, los expertos examinaron la luz emitida por un cuásar, un objeto extremadamente luminoso situado en el centro de algunas galaxias activas, cuya energía proviene de la materia que cae hacia un agujero negro supermasivo. Al viajar por el espacio, esa luz interactuó con la radiación cósmica de fondo, dejando un rastro medible que permitió calcular su temperatura.
El comunicado oficial de la universidad subrayó que las mediciones previas no alcanzaban este nivel de precisión, y que esta vez se logró una observación más exacta del enfriamiento cósmico a lo largo de miles de millones de años.
El valor de la comprobación científica
El divulgador científico Mark Thompson, en un artículo publicado en Universe Today, explicó la importancia del hallazgo con una comparación simple: “Me gusta usar analogías, así que pensemos en un pronóstico del tiempo”.
Y añadió: “Si el pronóstico anuncia lluvia y vemos que se forman charcos, confiamos más en el modelo del meteorólogo. De forma similar, cuando los cosmólogos predicen una temperatura específica para el Universo hace 7.000 millones de años y las observaciones la confirman, confiamos más en nuestros modelos”.
El estudio permitió confirmar con mayor certeza la relación entre expansión y enfriamiento cósmico, fortaleciendo las bases del modelo del Big Bang.
Este avance no solo ayuda a comprender cómo evolucionó el Universo, sino también a estimar con mayor precisión cómo seguirá cambiando en los próximos miles de millones de años.
Para la comunidad científica internacional, la investigación representa una validación crucial de los principios fundamentales de la cosmología moderna, reafirmando que la historia del Universo puede leerse en la luz que aún viaja desde sus rincones más antiguos.
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