21 de agosto 2006 - 00:00

Coimas: testigo ayuda a cerrar ya la causa

Daniel Rafecas cerrará en las próximas horas la instrucción de las causas de las coimas en el Senado. El caso tenía fecha de vencimiento (prescribía) el 31 de agosto. El fiscal Federico Delgado deberá evaluar ahora si los elementos reunidos en los casi seis años de investigación son suficientes para que el caso vaya a juicio oral y público. La elevación a juicio suspende automáticamente la prescripción.

La declaración de Sandra Montero, ex colaboradora del senador Remo Costanzo, antes de que expire ese plazo dejó a seis senadores, dos ex funcionarios del gobierno de la Alianza y a un «arrepentido» al borde de una condena. Todos están procesados por delitos contra la administración pública que prevé penas de uno a seis años de prisión.

El testimonio de Montero aportó «tranquilidad» a un expediente que tenía como principal y solitario acusador a un secretario parlamentario devenido en «arrepentido» tras haber participado de un supuesto acto de corrupción.

El escándalo de los sobornos en el Senado para la aprobación de la reforma laboral en 2000 estalló después de aquella noche del 26 de abril en que varios radicales y justicialistas presuntamente cobraron 5 millones de pesos otorgados por el gobierno para aprobar una ley que no tenía consenso. Están acusados: el ex secretario de Inteligencia Fernando de Santibañes; el ex ministro de Trabajo Alberto Flamarique; el ex presidente provisional del Senado José Genoud; los senadoresperonistas Emilio Cantarero, Ricardo Branda, Remo Costanzo, Alberto Tell y Augusto Alasino, y el « valijero» Pontaquarto.

En el juzgado de Rafecas se afirma que el «culpable» de la aparición de Sandra Montero y de la incorporación de su declaración a la causa es el ex ministro Flamarique. A cargo de la cartera de Trabajo, Flamarique tuvo un protagonismo excluyente en la negociación parlamentaria de la reforma laboral. Y en la causa, está señalado como uno de los funcionarios que activamente participó en el pago de los sobornos.

Sucede que el ex funcionario de la Alianza debía ampliar su declaración indagatoria hace tres meses, pero fue dilatando este trámite impidiendo el cierre de la causa previsto para antes de la feria judicial de invierno. De no haber sido por la demora de Flamarique, la causa hubiera ido a juicio con un solo testigo de cargo: Mario Pontaquarto.

Ahora, el juez Rafecas cerrará primero este expediente y dejará para más tarde una definición sobre la situación procesal de Fernando de la Rúa. Tampoco tiene mucho apuro por escuchar lo que tenga que decir Remo Costanzo en su descargo sobre Sandra Montero. Se tomará todo el tiempo necesario. Tal es así, que un careo con su ex colaboradora podría ocurrir recién dentro de dos semanas.

La causa coimas sufrió un fuerte sacudón el jueves, cuando la ex secretaria de Costanzo declaró ante la Justicia que habían visto al menos una parte del dinero de las sobornos que presuntamente se pagaron a miembros de la Cámara alta para aprobar la ley de reforma laboral en 2000.

La mujer declaró ante Rafecas que Costanzo estaba enojado porque la suma de 300 mil pesos -que supuestamente le había tocado en el repartido de las coimas- le parecía escasa. Dijo que «pretendía cobrar 600 mil pesos».

Además, la testigo aseguró que Costanzo repartió en su oficina 300 mil pesos con los ex senadores justicialistas Emilio Cantarero y Angel Pardo.

En 2000, Montero trabajaba en Presidencia del Senado, bajo las órdenes de los radicales Mario Genoud y después de Mario Losada, presidente provisional de la Cámara. Desde que ingresó en 1996 había ocupado puestos de confianza en Relaciones Oficiales, en el salón VIP de Senadores en Aeroparque. Pero según afirma, su despacho de referencia fue siempre el de Costanzo, donde entraba como alguien de la familia, atendía los teléfonos con máxima confianza y abría la puerta de la oficina privada sin golpear. El ex senador nunca dejó de ayudarla económicamente y de pagarle trabajos políticos y personales. «En el Congreso y en Río Negro yo era 'Sandra, de Costanzo'», afirmó.

Los investigadores sostienen que el relato de Montero es verosímil por varias cuestiones: el llamado telefónico de la nochedel 26 de Cantarero a Costanzo coincide con los registros que están en poder del magistrado. También son importantes las agendas, cuadernos de anotaciones y otros papeles que aportó donde hace referencias al ex senador y a otros legisladores.

El contenido de las agendas que la ex secretaria de Costanzo utilizaba en el año 2000 en su tarea diaria en el Senado incluyen teléfonos particulares de ex senadores y de ex de funcionarios nacionales.

En la agenda están apuntados, entre otros, los teléfonos de la Fundación Proyecto Sur, de Costanzo, en Viedma, y un celular de Bariloche.

Los investigadores también desmintieron que la colaboradora del ex senador hubiera aportado números de cuentas en el exterior. Según la mujer, Costanzo «siempre decía que la plata no tenía que ir a un banco del país o del extranjero».

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