6 de septiembre 2005 - 00:00

Corte: partidismo anula el debate sobre vacantes

Antonio Boggiano
Antonio Boggiano
George W. Bush nominó a John Roberts para reemplazar a la renunciante Sandra O'Connor, las voces políticas de la oposición de ese país avisaron que los intentos republicanos podrían hacer perder la moderación y el equilibrio de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos.

La elección de Roberts, un juez federal que pertenece al ala conservadora del Partido Republicano, suscitó la reacción de los demócratas que no dudaron en sostener que su designación podría anclar a ese poder de Estado en el terreno conservador por lo menos durante una generación.

La muerte de William Rehnquist, que ocupó durante 19 años la presidencia de la Corte Suprema, reavivó el temor demócrata, sacudido por una jugada muy fuerte de Bush, quien ayer decidió postular a Roberts para ocupar la presidencia del Tribunal a sabiendas que aún debía pasar la evaluación del Senado.

La nominación reforzó la creencia de que los estadounidenses y el Senado debían conocer bien las opiniones de Roberts, antes de que asuma el segundo cargo más poderoso del mundo
.

Es la primera vez, desde la administración de Richard Nixon en 1971, que un presidente debe nombrar dos jueces de la Corte Suprema al mismo tiempo.

Este apasionante debate político en el país del Norte, sacudido por la fiereza del huracán Katrina, está a millas de distancia de lo que ocurre en la Argentina. Aquí, un juez supremo, Augusto Belluscio, acaba de renunciar y otro, Antonio Boggiano, está sometido a juicio político. Sin embargo, no existe discusión política sobre el perfil que deberían tener los candidatos a ocupar esas vacantes y acerca del perfil que debería tener la Corte para no ser proclive a los intereses circunstanciales de un Gobierno y conservar esa voz razonable y de igualdad que debe imperar en cualquier tribunal de Justicia. Con mayor necesidad, cuando un gobierno tiene como Kirchner la oportunidad de conformar una Corte Suprema con miembros en su mayoría nominados durante su gestión (serán seis este año).

La apatía por la discusión no está relacionada con el sistema de nominación o selección de los candidatos. Todo lo contrario.

• Facultad

Como en Estados Unidos, la Corte Suprema está compuesta por nueve miembros. Como ocurre con Bush, el presidente Kirchner tiene la facultad de proponer a los candidatos que luego deben pasar por el tamiz del Senado. La reforma de la Constitución de 1994 le agregó un intento de transparencia que aquí no tenía el proceso al establecer que el acuerdo debía ser en una sesión pública.

Luego, con el Decreto 222 de autolimitación, se dispuso que los candidatos debían atravesar un proceso de evaluación publica antes de que sus pliegos aterricen en el Congreso.

La cuestión está centrada en que en el Senado de Estados Unidos los candidatos a jueces supremos
deben transitar por largas audiencias públicas con extensos y puntillosos interrogatorios que tienen gran difusión pública y hasta son transmitidos por canales de televisión. Se trata de una práctica muy regulada. Sobre todo porque ese tipo de selección es un mecanismo que también se pone en marcha para la designación de los secretarios de Estado (aquí ministros) o para quienes ocupan un cargo en las agencias públicas.

• Obediencia

En la Argentina, la audiencia que se realiza en el Senado se limita a interrogatorios de los propios legisladores, porque el público no participa. Además, tienen el poder de seleccionar qué preguntas se hacen y cuáles no. Así, dan su acuerdo para que el candidato presidencial llegue al Supremo Tribunal. Funciona, entonces, la «obediencia partidaria». Una práctica que algunos muy bien denominan como «decisionismo democrático», de un estilo personalista que el presidente Kirchner le imprime a su gobierno.

«Hoy, la discusión sobre los jueces solamente se produce en las organizaciones no gubernamentalesy en las universidades.No en los políticos.Aquí se da la obediencia partidaria, es la gran diferencia entre un sistema electoral y otro de partido», opina el constitucionalista Daniel Sabsay.

Aunque a
Bush le cueste nombrar a Roberts como ministro y presidente -seguramente, deberá negociar algo para la vacante que resta-, lo cierto es que existe la discusión política. Nada de eso sucede en la Argentina.

• «Golpe de Estado»

«El problema es que los políticos y el pueblo están adormecidos. En ese país, un presidente como Kirchner dio un golpe de Estado al echar a cuatro (ahora a cinco) jueces porque no le gustaba el contenido de su sentencia y nadie dijo nada», sostiene Rodolfo Barra.

El ex juez supremo consideró que otra diferencia es que en Estados Unidos se respeta a la Corte Suprema cualquiera haya sido el conflicto que se hubiera producido en el proceso de designación y cualquiera fuese el contenido de los fallos.

«La decisión judicial dividida -cinco a cuatro- que le permitió a Bush acceder a la presidencia la llevó adelante el fallecido William Rehnquist, nunca nadie dijo que se trataba de una corte adicta», apuntó Barra.

Dejá tu comentario