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Corte: partidismo anula el debate sobre vacantes
Antonio Boggiano
La nominación reforzó la creencia de que los estadounidenses y el Senado debían conocer bien las opiniones de Roberts, antes de que asuma el segundo cargo más poderoso del mundo.
• Facultad
Como en Estados Unidos, la Corte Suprema está compuesta por nueve miembros. Como ocurre con Bush, el presidente Kirchner tiene la facultad de proponer a los candidatos que luego deben pasar por el tamiz del Senado. La reforma de la Constitución de 1994 le agregó un intento de transparencia que aquí no tenía el proceso al establecer que el acuerdo debía ser en una sesión pública.
Luego, con el Decreto 222 de autolimitación, se dispuso que los candidatos debían atravesar un proceso de evaluación publica antes de que sus pliegos aterricen en el Congreso.
La cuestión está centrada en que en el Senado de Estados Unidos los candidatos a jueces supremos deben transitar por largas audiencias públicas con extensos y puntillosos interrogatorios que tienen gran difusión pública y hasta son transmitidos por canales de televisión. Se trata de una práctica muy regulada. Sobre todo porque ese tipo de selección es un mecanismo que también se pone en marcha para la designación de los secretarios de Estado (aquí ministros) o para quienes ocupan un cargo en las agencias públicas.
• Obediencia
En la Argentina, la audiencia que se realiza en el Senado se limita a interrogatorios de los propios legisladores, porque el público no participa. Además, tienen el poder de seleccionar qué preguntas se hacen y cuáles no. Así, dan su acuerdo para que el candidato presidencial llegue al Supremo Tribunal. Funciona, entonces, la «obediencia partidaria». Una práctica que algunos muy bien denominan como «decisionismo democrático», de un estilo personalista que el presidente Kirchner le imprime a su gobierno.
«Hoy, la discusión sobre los jueces solamente se produce en las organizaciones no gubernamentalesy en las universidades.No en los políticos.Aquí se da la obediencia partidaria, es la gran diferencia entre un sistema electoral y otro de partido», opina el constitucionalista Daniel Sabsay.
Aunque a Bush le cueste nombrar a Roberts como ministro y presidente -seguramente, deberá negociar algo para la vacante que resta-, lo cierto es que existe la discusión política. Nada de eso sucede en la Argentina.
• «Golpe de Estado»
«El problema es que los políticos y el pueblo están adormecidos. En ese país, un presidente como Kirchner dio un golpe de Estado al echar a cuatro (ahora a cinco) jueces porque no le gustaba el contenido de su sentencia y nadie dijo nada», sostiene Rodolfo Barra.
El ex juez supremo consideró que otra diferencia es que en Estados Unidos se respeta a la Corte Suprema cualquiera haya sido el conflicto que se hubiera producido en el proceso de designación y cualquiera fuese el contenido de los fallos.
«La decisión judicial dividida -cinco a cuatro- que le permitió a Bush acceder a la presidencia la llevó adelante el fallecido William Rehnquist, nunca nadie dijo que se trataba de una corte adicta», apuntó Barra.


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