En diciembre pasado, nuestra sociedad se conmocionócon el fallo «Barbará Rodrigo-Ruy» -el famoso de la excarcelación absoluta-dictado por la Cámara Penal - Sala I (jueces Donna Bruzzone y Elbert) que aquí hemos censurado explicando que, si bien es cierto que no es razonable restringir en forma automática la libertad del sospechoso, en este caso no se trataba de un acusado de hurto famélico, sino de un procesado por 129 (ciento veintinueve) estafas reiteradas, entre muchos ilícitos más. Es decir que podrían caberle 37 años de prisión.
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Dicho fallo contó con el elogio del Dr. Zaffaroni, quien entonces remarcó refiriéndose al excarcelado que «al cortarle la libertad, le quitan un pedazo de vida».
Pero desde hace unos días, por una investigación sobre medios de pago falsos llevada durante ocho meses por el fiscal López Perrando junto a la Policía Federal, se estableció que una persona apellidada Wolk intentó abonar una estadía y otras minucias en un importante hotel (República) con dos tarjetas de crédito de bancos extranjeros que, según el demorado, pertenecerían a Fernando García. Verificadas, resultó que se encontraban inhabilitadas por fraude y una vez identificado Wolk, resultó tener solicitud judicial de captura, por lo que quedó detenido.
Mientras ello ocurría, Wolk pidió ayuda a su amigo Fernando García, a quien supuestamente pertenecían las tarjetas objetadas. García se presentó en la conserjería y pretendió solucionar el problema saldando la cuenta con dólares, pero tuvo la mala suerte de que el mismo oficial de policía del anterior procedimiento, de apellido Argüello, lo identificó y quedó detenido a disposición del juez Alberó. Su nombre real resultó ser Rodrigo Ruy Barbará, el mismo por el que Zaffaroni bregó porque no le quitaran «un pedazo de vida».
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