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Presunto asesino de Axel intentó repartir culpas
Juan Carlos Blumberg tildó ayer de "mentiroso" a José "el Negro" Díaz después de escuchar la declaración en la audiencia. "El tenía el arma con la que mataron a Axel", dijo el ingeniero.
La precisión de las preguntas de los jueces Daniel Cisneros, Víctor Blanco y Luis Nieves fue acorralando a Díaz en sus propios dichos. Pero el empujón a las cataratas de contradicciones en las que incurrió el secuestrador lo provocó la intrépida secretaria -nombrada jueza subrogante para el debate-María Morgese Martín. La magistrada logró -varias vecessacar a Díaz de su escénica calma. El «Negro» entró en el sutil juego y mostró lo que los jueces querían que el públicoviera: su temeraria frialdad para contar cómo se apoderaba de una vida humana y cómo disponía de ella.
Fue un imperturbable relato. No hubo siquiera una expresión de arrepentimiento. Por el contrario, se ofuscó con los abogados de Blumberg: «A la querella no le voy a seguir respondiendo nada. Estoy en mi derecho», le espetó.
El instante de tensión se produjo cuando el abogado de Blumberg, Roberto Durrieu (h) le preguntó: «¿Quién lo mató?», y Díaz respondió: «No sé», y el letrado repreguntó: «¿Quién cree que lo mató?» y repitió «No sé». «¿Cómo le dicen a usted?», preguntó Durrieu con la intención de que Díaz diga que él era «el Negro», pero el imputado dijo que no tenía apodos. «¿Está entre los imputados 'el Negro'?», le preguntó el abogado y Díaz contestó que no y que no sabía dónde estaba.
El acusado dijo que Axel -que estaba cautivo sentado en una butaca de auto-había quedado solo, sin cuidador y que la idea de la banda era liberarlo.
«Pensábamos largarlo, porque ya no se podía cobrar. Se lo iba a largar esa noche, todos lo decidimos», afirmó para luego decir que al regresar del tiroteo se fue a la casa de su madre y de allí partió con su hijo a la provincia de San Luis.
«Ahí me enteré que el pibe había fallecido», dijo. Pero la jueza Morgese Martín lo corrigió: «que lo habían matado».
Luego contó que de San Luis fue a la ciudad cordobesa de La Falda, donde «de casualidad» se encontró con Peralta, que comieron un asado en el lavadero de autos del «Oso» y que a la noche, «cuando arrancamos para un cabaret», los detuvieron.
Por último, llegaron las denuncias por apremios contra la Policía cordobesa y de San Isidro y contra el propio fiscal Sica a quien acusó de haberle dado presuntamente «dos trompadas».
El juicio concluyó la etapa probatoria y pasó a un cuarto intermedio hasta el próximo martes cuando se inicie con el alegato de la querella de Blumberg.


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