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11 de mayo 2025 - 15:00

¿Los gatos pueden entender a los humanos? Los expertos revelaron la verdad sobre el vínculo felino

Los felinos pueden comprender nuestras emociones y comportamientos, pero lo hacen de una manera muy distinta a comparación de los perros.

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Un estudio analizó el comportamiento de 31 felinos para lograr comprender el vínculo gato-humano. 

Desde hace siglos, los perros son considerados los mejores amigos del ser humano, no solo por su lealtad, sino también por su aguda sensibilidad. Estas mascotas poseen sentidos que las personas a veces no podemos comprender, como la capacidad de detectar cambios sutiles en su entorno o en el estado emocional de quienes los rodean. Pero ¿qué hay de los gatos?

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Aunque suelen ser vistos como animales más independientes y reservados, cada vez más estudios sugieren que los felinos también perciben y reaccionan ante nuestros comportamientos. ¿Pueden entender cómo nos sentimos? ¿Interpretan nuestras rutinas y emociones? Una investigación publicada en la revista Scientific Reports reveló la verdad detrás del vínculo.

A pesar de que no reaccionan de la misma manera que los perros ni responden a comandos con tanta facilidad, sí que muestran habilidades cognitivas: comprenden más de lo que solemos imaginar, y lo hacen bajo sus propias reglas.

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Gatos y lenguaje humano: ¿qué entienden nuestras mascotas?

¿Alguna vez sentiste que tu gato sabe exactamente cómo te sentís? Tal vez se acurruca con vos cuando estás triste o te observa con atención cuando hablas en voz alta. Y aunque durante mucho tiempo se pensó que eran animales distantes y poco empáticos, investigaciones recientes revelaron una verdad mucho más compleja y fascinante.

Un estudio del medio Scientific Reports reveló que los gatos son capaces de percibir nuestros comportamientos y entender ciertos aspectos del lenguaje humano. Para comprobarlo, los investigadores realizaron un experimento con 31 gatos, tanto machos como hembras, de diferentes entornos: algunos vivían en hogares tradicionales; mientras que otros eran residentes de cafés, donde diariamente interactúan con numerosos visitantes.

Durante este proceso, los científicos utilizaron grabaciones de las voces de los dueños diciendo palabras sin sentido, a fin de evitar asociaciones previas con comandos o nombres reales. Y como estímulos visuales, se presentaron dos imágenes de colores contrastantes y fácilmente distinguibles.

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Después de la fase de habituación, los investigadores introdujeron un cambio en la combinación de sonido e imagen: si los gatos eran capaces de asociar un audio específico con una visual determinada, se esperaba que fijaran su atención más tiempo en la pantalla cuando se produjera una alteración inesperada.

Lo logaron y el resultado fue claro: ante la modificación del estímulo, prestaron más atención al monitor, lo que indica que habían aprendido la asociación entre palabra e imagen. Sin embargo, esta respuesta solo se activó cuando el sonido era una voz humana, ya que con los que fueron electrónicos o artificiales, no se observó el mismo efecto.

De esta manera, entre las conclusiones que se obtuvieron, podemos decir que los gatos responden mejor a la voz humana que a ruidos impersonales y pueden formar asociaciones verbales-visuales. En esta línea, los felinos demostraron una notable sensibilidad a diversas señales sociales: son capaces de detectar el estado de atención de las personas, interpretar expresiones emocionales y seguir gestos comunicativos, como una señal con la mano.

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A su vez, el informe también aborda las diferencias de interacción entre gatos y humanos. Mientras que con sus semejantes utilizan señales olfativas y auditivas, al relacionarse con las personas recurren a otras estrategias, como establecer contacto visual directo: usan la mirada para llamar la atención y el parpadeo lento es una insignia de confianza y afecto.

En definitiva, los gatos sí entienden muchos de nuestros comportamientos, emociones y rutinas. Aunque su forma de expresarlo no sea tan evidente como la de los perros, los felinos son observadores silenciosos que aprenden de nuestra manera de hablar, movernos y relacionarnos con ellos. Comprender esta capacidad nos ayuda a reconocer que estamos mucho más conectados con las mascotas de lo que imaginamos.

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