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3 de junio 2026 - 13:22

Que la madre trabaje no afecta el desarrollo de sus hijos: el estudio científico que rompe con una vieja creencia

Las autoras explican que la forma en que se organiza el cuidado de los hijos y las condiciones de trabajo tienen más peso que el hecho de que la madre tenga o no empleo.

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El análisis evidencia un vacío en los trabajos científicos sobre el rol paterno, casi ausente en los informes de crianza.

Durante años se sostuvo, basándose más en prejuicios que en evidencia, que una madre que trabaja podía perjudicar el desarrollo de sus hijos.

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Esa idea, atravesada por una mirada machista sobre los roles de género, colocó a las mujeres bajo sospecha, como si el empleo remunerado fuera incompatible con el cuidado o la crianza.

Sin embargo, un estudio publicado en la revista "Science" desarma ese argumento con datos concretos. La revisión analizó más de mil investigaciones de distintas disciplinas y concluyó que “el trabajo materno tiene un impacto mínimo o nulo en el desarrollo desde la primera infancia hasta la adolescencia”.

Lejos de ser una amenaza, el empleo no aparece como una variable determinante en el crecimiento. El foco, según las autoras, tiene que correrse hacia otros factores como las condiciones de trabajo, la estabilidad económica del hogar, la disponibilidad de redes de cuidado y qué responsabilidades asumen los padres.

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Una revisión científica rompe con una vieja creencia machista

El estudio revisó más de mil tesis de economía, psicología, medicina y ciencias sociales para evaluar el impacto del trabajo de la madre en la crianza de sus hijos.

El resultado es consistente: "La lección principal es que el empleo materno no debe considerarse una amenaza para el desarrollo infantil", detalla Maria Lo Bue, investigadora de la Universidad de Trieste y coautora del artículo para "Science".

"La clave no reside en si las madres trabajan, sino en las condiciones en que lo hacen: estabilidad laboral, horario, flexibilidad, acceso a servicios de cuidado infantil y distribución del cuidado dentro de la familia", explica.

Dentro de la bibliografía propuesta por las autoras, se encuentra la Encuesta Mundial de Valores, realizada entre 2017 y 2022. Esta se pregunta cómo de acuerdo están los entrevistados con la afirmación de que “cuando una madre trabaja remuneradamente, los niños sufren”: la rango a favor es muy amplio y oscila entre el 9% en Dinamarca y el 88% en Bangladesh.

"En la mayoría de los países, al menos el 30% de los encuestados está de acuerdo en que el trabajo de la madre antes de que los niños comiencen la escuela primaria es perjudicial para el niño", sostienen las autoras.

Las especialistas explican que algunas teorías sostienen que el empleo materno podría afectar negativamente la crianza al reducir el tiempo con los hijos, trasladar tareas a otros miembros del hogar o generar estrés que impacte en la calidad del vínculo.

Sin embargo, también señalan mecanismos opuestos: el trabajo puede mejorar el desarrollo infantil al aumentar los ingresos del hogar y fortalecer la autonomía, la información y el empoderamiento de la madre.

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Para confirmar esta postura, revisaron 61 estudios que estimaban de manera plausible el impacto causal. De ahí, se analizaron más de 800 efectos distintos.

“Solo el 13% fueron estadísticamente significativos, el 7% positivos y el 6% negativos. Esta tendencia general se mantiene en todos los ámbitos del desarrollo infantil”, describen y señalan: "Con base en la significancia estadística y la magnitud de los hallazgos, la literatura revisada apunta a un impacto nulo o insignificante del trabajo materno en los resultados del desarrollo infantil".

Es decir, no hay evidencia de un daño significativo asociado al empleo de las madres. En la mayoría de los casos estudiados, las incidencias sobre el rendimiento escolar, el comportamiento o la salud de los niños fueron mínimos o directamente inexistentes.

El estudio también tira abajo otra idea instalada: que los primeros años de vida serían especialmente delicados sin la presencia constante de la madre.

"Esto es particularmente relevante, ya que la primera infancia suele considerarse un período muy sensible para el desarrollo cerebral y la formación del vínculo afectivo, y la preocupación pública por el empleo materno tiende a ser especialmente fuerte durante estos años. Sin embargo, la evidencia causal que revisamos no revela un patrón consistente de efectos negativos más fuertes en la primera infancia", sostienen.

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El rol de la figura paterna

Uno de los puntos más llamativos de la revisión es el desequilibrio en la producción científica sobre el tema. Mientras el empleo materno fue ampliamente estudiado, el papel del padre en el desarrollo infantil aparece casi ausente.

Según el análisis, el 56% de los trabajos revisados ni siquiera menciona la figura paterna, solo dos artículos (el 3% del total) exploraban la "complementariedad y la sustituibilidad del trabajo materno y paterno", como detalla el informe publicado en "El País", y sugerían que "las horas de cuidado materno y paterno con los hijos pueden ser sustituibles", dependiendo de la organización familiar y las condiciones laborales.

Esto evidencia un sesgo estructural en la forma en que se construyó la investigación sobre crianza. Lo Bue atribuye esa asimetría a que la propia ciencia "a menudo ha reflejado las normas sociales".

"Se considera a las madres como las cuidadoras por defecto, mientras que el trabajo de los padres se da por sentado. Pero desde la perspectiva del niño, lo que importa no es solo si la madre trabaja, sino toda la organización del cuidado, los ingresos, el tiempo y la calidad del trabajo dentro del hogar", expone.

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Las investigadoras también advierten sobre el prejuicio a la hora formular las hipótesis científicas. “Plantear ‘¿perjudica el trabajo materno a los niños?’ presupone que el empleo de las madres es el problema potencial. Una pregunta más pertinente sería: '¿En qué condiciones familiares, laborales y de cuidado infantil puede el empleo de los padres favorecer el desarrollo de los niños?'", explica.

El origen de la duda ya instala una sospecha sobre la mujer como cuidadora principal, reforzando una carga exclusiva sobre las mujeres, y deja afuera el análisis del rol del padre. Desde esa perspectiva, el desafío es mucho mas grande: revisar cómo se construyen las preguntas para dejar de naturalizar desigualdades de género en la crianza.

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