La Habana - Tras casi medio siglo en el poder y a punto de cumplir 80 años el domingo, Fidel Castro, convaleciente de una operación que lo ha alejado temporalmente del gobierno, asiste como testigo de excepción a la aplicación de su propia fórmula para asegurar la sucesión en Cuba.
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Castro, el gobernante occidental que lleva más tiempo en el poder, se vio obligado a cederlo provisionalmente a su hermano Raúl el 31 de julio tras sufrir una delicada intervención quirúrgica provocada por una hemorragia intestinal.
La noticia sacudió la isla de un extremo a otro y desató todo tipo de rumores y especulaciones sobre el futuro inmediato del país y los pasos a dar por el gobierno provisional liderado por Raúl Castro, arropado por seis dirigentes del Partido Comunista de Cuba y del gobierno de la plena confianza de Fidel Castro.
Raúl Castro cuenta para afrontar sus nuevas tareas con tres pesos pesados del Partido, José Ramón Balaguer, José Ramón Machado Ventura y Esteban Lazo, y por tres destacados miembros del gobierno, el vicepresidente Carlos Lage, el canciller Felipe Pérez Roquey el presidente del Banco de Cuba, Francisco Soberón.
Pese al hermetismo que rodea a la evolución del líder cubano, cuya salud ha sido oficialmente declarada «secreto de Estado», y al silencio de Raúl, que no ha aparecido en público desde que asumió las tareas de gobierno, la normalidad con la que se ha desarrollado la sucesión provisional de Castro parece confirmar que estaba todo atado y bien atado desde hace tiempo.
Fue el propio Castro quien alertó, a finales del pasado año, sobre la necesidad de garantizar la irrevocabilidad del socialismo y la continuidad de la revolución.
«Los únicos que podemos destruir esta revolución somos nosotros mismos», dijo el pasado noviembre durante un discurso en la Universidad de La Habana.
En diciembre, el canciller, uno de los elegidos para el equipo provisional de gobierno, aprovechó la ceremonia de clausura del Parlamento para subrayar la necesidad de salvar la revolución cuando la muerte de Castro «deje el hueco que nadie puede llenar y que tendremos que llenar entre todos como pueblo».
Fortalecimiento del PC
Paralelamente, se inició un proceso de fortalecimiento del Partido Comunista de Cuba, el único legal de la isla, y la « fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado», según la Constitución cubana de 1976.
Precisamente en abril, el buró político del Partido Comunistade Cuba acordó restablecerel Secretariado del organismo, eliminado en 1991, un órgano auxiliar encargado de velar por «la correcta aplicación de la política de cuadros tanto del propio Partido como de las demás instituciones de nuestra sociedad».
En junio, los medios oficiales dedicaron un inusual despliegue al 75 cumpleaños de Raúl Castro y ensalzaron la figura del segundo hombre de la jerarquía cubana.
Apenas unas semanas después, el ministro de Defensa afirmaba que «únicamente el Partido Comunista de Cuba, como institución que agrupa la vanguardia revolucionaria y garantía segura de la unidad de los cubanos en todos los tiempos, puede ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder».
«Para eso trabajamos, y así será. Lo demás es pura especulación, por no decir otra palabra», afirmaba.
En el nuevo escenario político que vive Cuba, con la designación oficial del PCC como garante de la revolución, se resuelve uno de los problemas que más parecían preocupar al líder cubano: el generacional.
Los 75 años de Raúl Castro están en la media de edad de la llamada «vieja guardia» del régimen, los compañeros de filas de los hermanos Castro en la Sierra y en los primeros años de la revolución.
En el libro «Cien horas con Fidel», firmado por el periodista español afincado en Francia Ignacio Ramonet, el líder cubano expresaba su convicción de que, en caso de su muerte, el Parlamento elegiría a Raúl para tomar las riendas del país, pero reconocía que, dada la avanzada edad de su hermano, las nuevas generaciones jugarían un papel fundamental en la tarea de mantener la revolución.
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