Los detenidos, de pie o arrodillados durante horas, son privados del sueño o intimidados psicológicamente, o convencidos de que fueron trasladados a otro país y están en manos de la policía de un gobierno inescrupuloso, que aplica habitualmente torturas.
El periódico levantó el velo sobre las prácticas utilizadas por Estados Unidos en el afán de obtener resultados en la «guerra al terrorismo», tras recoger los testimonios anónimos de varios funcionarios de inteligencia y gobiernos norteamericanos y europeos, ligados a los interrogatorios. La CIA decidió hace un año tener menos escrúpulos en el plano de los derechos humanos y con los arrestados a los que se considera particularmente «duros» decidió aplicar un método que se apresta a recibir críticas: los entrega a países árabes donde la tortura es una práctica habitual desde siempre.
Los resultados de la línea dura, aparentemente, comienzan a ser significativos, ya que en los últimos meses fueron capturados o asesinados numerosos líderes de Al-Qaeda, en la mayoría de los casos gracias a datos recogidos en esos interrogatorios.
Desde el 11 de setiembre de 2001, se calcula que cerca de 3.000 presuntos seguidores o acusados de respaldar a la red de
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