San Pablo - El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su rival Geraldo Alckmin coinciden en su intención de incrementar la débil tasa de crecimiento de Brasil sin generar inflación ni déficit, más allá de sus polémicas electorales sobre las privatizaciones.
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Para Lula, Brasil va a poder alcanzar a futuro a los otros países emergentes y lograr un crecimiento de más de 5% anual «durante diez años». La inflación es inferior a lo previsto, las reservas de divisas superan la deuda externa pública, el presupuesto logra excedentes a pesar del pago de los servicios de la deuda y el comercio exterior obtiene retornos récords.
Pero el crecimiento sólo fue de 2,3% el año pasado. Con una tasa de interés básica de 13,75%, Brasil se mantiene como el campeón mundial del costo del dinero por sobre la inflación (más de 9 puntos).
«El próximo gobierno debe colocar la cuestión del crecimiento en el centro de sus preocupaciones», declaró Paulo Francini, responsable de estudios económicos de la Federación de Industrias del Estado de San Pablo, que prevé un alza del PBI de 2,8% este año, en lugar de 3,5% a 4% estimado por el gobierno.
Para él, «el ambiente permanece hostil para la producción debido a las tasas de interés y al tipo de cambio», marcado por la apreciación del real frente al dólar.
El ministro de Hacienda, Guido Mantega, declaró que después de la estabilización, «la prioridad del segundo mandato (de Lula) será el crecimiento vigoroso de la economía, la creación de empleos y la lucha contra las desigualdades sociales».
Según el ministro, la baja de tasas «va a continuar» gracias al control de la inflación. «El rigor presupuestario se mantendrá», sin necesidad de poner en riesgo los programas sociales, agregó.
Pero según Geraldo Alckmin, no habrá aceleración del crecimiento sin un ajuste presupuestario permanente para lograr los márgenes que permitan bajar los impuestos y reactivar la inversión.
«Yo voy a cortar los gastos para bajar progresivamente la carga fiscal y tener tasas de interés más bajas», dijo.
Luchar contra el derroche y la corrupción es la base de su «golpe de timón». Parco en detalles, Alckmin resiste sin embargo las sugerencias de ciertos consejeros de realizar cortes presupuestarios drásticos.
Gasto público
«Corte de gastos, Lula y Alckmin tienen un programa muy similar», aunque «a priori Alckmin haría un poco más para limitar el gasto» público, estimó Alexandre Lintz, economista jefe del banco BNP Paribas en Brasil.
«Los dos creen en los mismos pilares, estabilidad presupuestaria y monetariapara alcanzar los objetivos de inflación, con un tipo de cambio flotante», dijo.
Los dos también evitan los temas que molestan: reforma fiscal y de la seguridad social, cuyo déficit va en aumento.
Acusado persistentemente de desear relanzar las privatizaciones, Alckmin juró que no venderá la compañía petrolera Petrobras ni los bancos públicos.
A la defensiva, él se ha comprometido igualmente a mantener el Bolsa Familia, programa estrella que sacó de la miseria a 11 millones de familias.
Cualquiera sea el vencedor, «Brasil necesita crecer más y mantener la estabilidad macroeconómica», destacó Rogelio Golfarb, presidente de la Asociación de Fabricantes de Automóviles. «Es necesario reducir la carga fiscal y para eso se deben ajustar los gastos presupuestarios», agregó.
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