«La Navidad es un misterio, un misterio de paz», afirmó el Papa, quien al evocar el nacimiento de Jesús afirmó que desde la gruta de Belén «llega un apremiante llamamiento al mundo para que no ceda a la desconfianza, a la sospecha, al desaliento, aún cuando el trágico fenómeno del terrorismo aumenta las incertidumbres y los temores».
El pontífice, de 82 años y con signos de fragilidad, no leyó un discurso y lo dirigió «urbi et orbi» (a la ciudad y al mundo). Instó a poner fin a la «espiral de odio» en Tierra Santa y a conjurar «un nuevo conflicto en Medio Oriente. Allí deben ser apagados los siniestros resplandores de un conflicto que se puede evitar si todos se empeñan», afirmó.
Aunque el Papa no mencionó explícitamente a Irak, indicó que ese conflicto «puede ser evitado con el compromiso de todos».
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